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Las estilges del comandante

por Juan Pablo Gozio

“Te pelan el reel, gordo, te pelan el reel…!!!! No las podés parar con nada!!! Me cortaron un tippet grueso como una soga!!”, habían sido las pocas pero efectivas palabras que usó Yayo San Martín para convencerme hace ya 3 años, de hacer una salida al Santa Cruz. Desde aquel viaje con Yayo y Tornillo, quedé enamorado de Comandante Piedra Buena, de su historia, de sus truchas y de la amabilidad de su gente. Yayo fue quien creó del nombre Estilge, argentinizando el vocablo inglés steelhead, tomando su fonética algo modificada. Por eso el título de la nota, las del Santa Cruz son estilges, todo el poder de una steelhead, ironhead o simplemente steelie, en nuestra amada Patagonia Argentina.

A fines de abril de 2003, un viaje laboral imprevisto me llevaba hasta el punto más austral del continente americano: Punta Dúngeness. Nunca mejor aplicada la frase: “De paso, cañazo…” Y así fue. Pensando en las posibilidades de pesca de la zona, confirmé la vigencia de la temporada y el estado de la pesca en la zona de Gallegos y Piedra Buena. Como marido cortés, decidido e “independiente”, pedí permiso a mi esposa, a esta altura muy curtida en excusas. La negociación no fue fácil, pero a cambio de los habituales sobredimensionados tesoros prometidos, obtuve una libertad condicional de dos días con vencimiento el domingo a las 20 hs. Con el permiso firmado y lacrado, luego de un llamado telefónico la salida estaba arreglada. Compartiría con un amigazo, el guía Mario Zwetzig, dos jornadas de pesca de steelheads en el Río Santa Cruz. Terminó la semana de un interesante trabajo y, con un clima agradable para la época, tomé el micro que el trayecto entre Río Gallegos y la ciudad de Comandante Piedra Buena.

Una ciudad con historia

La ciudad de Comandante Luis Piedra Buena se encuentra ubicada en el centro este de la Pcia. de Santa Cruz, sobre la margen norte del río homónimo, a unos 50 kilómetros de su desembocadura en el mar, a 2.360 kms de Buenos Aires y a solo 240 kms. de Río Gallegos. Su historia, como la de otras ciudades patagónicas es muy rica en anécdotas, actos heroicos y personalidades. La recorreremos brevemente antes de entrar de lleno en la pesca. El estuario del río Santa Cruz fue descubierto en 1519 por el piloto Juan Serrano, miembro de la expedición de Magallanes, que se encontraba fondeada en la bahía San Julián. Serrano se aventuró al sur y descubrió la bahía del Santa Cruz, dónde, según cuenta Musters (“At home with the patagonians”) “su barco naufragó y dejó su casco entre la roca, el primero de la larga lista de buques perdidos en esa extensa costa que, desde la boca del río Negro hasta el Estrecho, sólo ofrece uno o dos buenos puertos, mientras que arrecifes sumergidos, terribles borrascas, fuertes corrientes y remolinos se combinan para convertirla casi en la más peligrosa conocida por los navegantes.” Serrano, gracias a su percance, descubrió la bahía para la historia, y luego King y Fitz Roy completaron el descubrimiento desde la ciencia geográfica. Como consecuencia del naufragio, imaginen el pésimo informe sobre la peligrosidad de estas costas que llegó a Europa, que nadie se arriesgó hasta allí por más de 300 años.

En abril de 1834, la goleta Beagle comandada por el Capitán Fitz Roy llegó al estuario con el objetivo de explorar las fuentes del río. Fitz Roy y su tripulación lo remontaron durante 18 días y ya cerca de toparse con el que en el futuro se llamaría lago Argentino y de brindar por el éxito de la expedición, emprendieron el regreso desilusionados. Debe haber sido un trago muy amargo para tan intrépidos investigadores, dar la vuelta por falta de alimentos y recursos. Tan cerca y tan lejos estuvieron de lograrlo.


Puente sobre el río Santa Cruz


Cte. Luis Piedra Buena

En el año 1859, el Capitán Luis Piedra Buena, un maragato nacido en 1833 en Carmen de Patagones junto al puerto en el río Negro, llega al mando del barco ballenero Nancy y remonta el río Santa Cruz hasta una isla cercana a la ciudad actual y próxima a la desembocadura. Esta isla luego tomaría el nombre de Isla Pavón en memoria a la victoria de Mitre del ´61, y se trata de una franja de tierra de 2 kms de largo por 300 mts de ancho. Piedra Buena instala una factoría derivada de la caza de ballenas y lobos (pieles y grasas), realiza actividades comerciales con los indígenas y desde allí se dedica al hobby de salvar náufragos. En aquellos años era bastante común que los barcos naufragaran en nuestras costas, considerando la mínima tecnología que tenían los navíos, los fuertes vientos, las amplitudes de mareas y la inexistencia de satélites y GPS. También crea Puerto Cook en la isla de los Estados con el objetivo de establecer una base para las expediciones de cacería en procura de pieles y grasas para la factoría.

En reconocimiento por su tarea, por ley del Congreso Nº 269, sancionada el 6 de octubre de 1868, la Nación le concedió la propiedad de la isla de los Estados y de tierras sobre la margen sur del río Santa Cruz incluyendo a la isla Pavón y la isla de los Estados.

En 1869 se casa, en Buenos Aires, con Julia Dufour y a sólo dos meses, lleva a su flamante esposa a la Isla de los Estados (evidentemente el amor de esta señora no tenía límites); a la vuelta, la conduce a su Isla Pavón dónde había construido su nidito de amor. Julia ostenta el sufrido récord de ser la primera mujer blanca que vivió en la Patagonia. Con Julia tienen 4 hijos producto, probablemente de la ausencia de TV por cable y la hostilidad del clima invernal.

Piedra Buena, incansable defensor de los derechos argentinos en la Patagonia austral, en 1863 escribió sobre un peñasco del Cabo de Hornos: «Aquí termina el dominio de la República Argentina. En la isla de los Estados (Puerto Cook) se socorre a los náufragos. Capitán Piedra Buena». En 1881, tras 22 años de su permanencia en la Patagonia austral, Argentina y Chile firman un tratado de límites del que fue un partícipe necesario, dado que su factoría en Pavón y Puerto Cook en isla de los Estados, ambos enarbolando la bandera argentina desde mediados de siglo, fueron poderosos argumentos esgrimidos por Argentina en la definición del trazado de frontera con Chile.

Piedra Buena fue promotor incansable de la Patagonia austral y llamó siempre la atención de las autoridades argentinas con respecto a la necesidad de poblarla. Lamentablemente no pudo ser testigo del proceso de ocupación en Santa Cruz, que se inició dos años después de su muerte en 1883. Como tantos otros próceres de nuestro país murió en la completa pobreza material, pero con cuantiosas riquezas espirituales dadas, entre otras, por las 146 vidas de náufragos que salvó, las muchas medallas que recibió en reconocimiento de su tarea incansable y la felicidad de haber influido fuertemente en la definición de límites de lo que hoy conocemos como Patagonia Argentina.

En el año 1880, el Gobierno Nacional crea la denominada Colonia Santa Cruz, frente a los potreros de Luis Piedra Buena. En 1899 el gobierno facilita el acceso y la construcción a unos pocos pobladores que se instalaron allí. Gracias a la cercanía de un paso vadeable, el asentamiento, originalmente se llamó Paso Ibáñez.

En 1920 se formó el primer comité de gobierno de la ciudad y en 1933 (a 50 años del fallecimiento de Piedra Buena) y se dio el nombre de Cmte. Luis Piedrabuena a la ciudad en honor a aquel marino heroico. Más tarde, en 1968, se corrigió el apellido del prócer por el correcto y tomó el nombre actual de Cmte. Luis Piedra Buena. En la Isla Pavón se puede visitar la casa de Don Luis, reconstruida en una réplica en 1977 y convertida en el actual museo.

Habiendo abrevado brevemente en la historia de quien nombra la ciudad, volvamos a las epopeyas de quienes descubrieron el estuario, el río y por último los lagos de las nacientes. La tarea de investigación trunca de Fitz Roy fue completada por el Perito Moreno en el verano de 1876-77, quien verificó la vinculación del río Santa Cruz con los lagos Viedma y Argentino. El 22 de dicimbre de 1976, en su segundo viaje a la zona (había estado en 1974), Francisco Pascasio Moreno arribó a la isla Pavón, dónde lo recibió Piedra Buena y su cuñado Dufour, con un objetivo bien claro: llegar a las nacientes cordilleranas del río Santa Cruz, remontando todo su cauce. Este gran hombre, admirado sobremanera por los que amamos la Patagonia, escribió: “Las nacientes del Santa Cruz son un problema aún no resuelto completamente y creo que a nadie con más derecho que a los argentinos, dueños de ellas, corresponde descifrarlo.” Festeja navidad y año nuevo con Piedra Buena y los habitantes de la Isla Pavón, y emprende su ascenso el 15 de enero, con pocos elementos: “Si grande es el fin que nos lleva a la región desconocida, pequeños son los elementos de que disponemos. El bote que acaba de alejarse de Pavón, quizá para no volver, no corresponde a la clase de expedición que emprende; el personal, que ha sido calculado para uno la mitad más liviano y pequeño, no es suficiente para manejarlo; sin embargo, la conformidad, hija de la necesidad, no me hace presagiar negros colores en el futuro horizonte. Todas las expediciones que antes que la que dirijo intentaron descubrir las fuentes del río Santa Cruz, contaron con mayores elementos.” Moreno se lanzó a la conquista del Santa Cruz en una embarcación de 8.65 metros, correspondiente a 8 remeros, pero tripulada por sólo dos, más un timonel. Un integrante más completaba la partida.

El viaje completo es una misión digna de los grandes héroes de la ciencia ficción, las condiciones del desierto patagónico y la crudeza de un clima hostil, sumados a la escasez de recursos, coronan a la expedición de Moreno, poniéndola a la altura de Frodo y su anillo. Un episodio interesante del viaje se dio cuando, casi llegando a la boca del río en lago Argentino, quiso enlazar un puma que se encontraba arrinconado por los perros y “al ir a colocarle el lazo y concluir de matarlo, se abalanzó sobre mi, y casi me hubiera despedazado si Isidoro no hubiera dado un buen tirón del lazo, arrastrándolo. Vi su garra a pocas pulgadas de mi cabeza.” Durante el viaje, los encuentros con la limitada fauna de la zona fueron habituales, y pumas, guanacos, ñandúes, avutardas, patos y zorros, se mostraron como compañeros, amenazas y fuente de alimento para los viajeros. Habiendo sirgado los casi 400 kms de extensión de río (~13 kms por día con bote a cuestas!!!), los cuerpos estaban destruidos y la expedición estuvo a punto de abortarse. Sin embargo, el patriotismo y la valentía de este hombre y su grupo, les hicieron continuar el viaje: “los colores argentinos son los únicos que han flameado en estos parajes, es nuestro deber llevarlos más adelante y con provecho.” Finalmente, el 13 de febrero, luego de un mes de viaje, el majestuoso lago Argentino, con su ventisquero, aparecieron frente los ojos de Francisco: “el aire ha refrescado; hay olor de agua y un ruido cercano halagador en extremo y que revela olas que baten contra rocas… encuentro al grandioso lago que ostenta toda su grandeza hacia el oeste. Es un espectáculo impagable y comprendo que no merece siquiera mención lo que hemos trabajado para presenciarlo; todo lo olvido ante él.” Luego pronunció las palabras del bautismo: “¡Mar interno, hijo del manto patrio que cubre la Cordillera en la inmensa soledad, la naturaleza que te hizo no te dio nombre; la voluntad humana desde hoy te llamará Lago Argentino!” Así concluyó la existosa expedición del Perito Moreno, quien diera nombre al ventisquero que se encuentra en el lago descubierto.

En esta resumida biografía del río Santa Cruz, silencioso testigo de aventuras y desventuras, de glorias y de conformismos, he tratado de recuperar para nuestra memoria mosquera argentina este puñado de grandes hombres de nuestro país, gracias a quienes, hoy este río y sus nacientes ven flamear nuestra bandera. Ese río que una vez lavó sus ropas y cuerpos, sació su sed, y les sirvió de defensa es el mismo río en el que hoy, 483 años después de su descubrimiento por Serrano, pescamos peces que parecen haber heredado su coraje, decisión, fortaleza e incansable tenacidad: las estilges del Santa Cruz.

Un río con historia

El SC no es un río como los que estamos habituados a pescar en la cordillera, chato y árido, tiene una belleza áspera. El naturalista Charles Darwin, que viajaba en el Beagle, relató el entorno con filosa precisión: “22 de abril, – El terreno permanecía inalterable y extremadamente poco interesante. La completa similitud de los ambientes a lo largo de la Patagonia es una de sus características más sorprendentes. Las áridas planicies elevadas sustentan la misma vegetación deprimida y achaparrada; y en sus valles crecen las mismas plantas espinosas. En todas partes vemos las mismas aves y los mismos insectos. Incluso las costas mismas del río y de los pequeños arroyos que a él ingresaban estaban animadas sólo levemente por un tinte más brillante de verde. La maldición de la esterilidad yace sobre la tierra y el agua que fluye sobre un manto de guijarros sufre la misma maldición.” Probablemente la visión de Darwin, si bien acertada, se hubiese atenuado sustancialmente si la expedición hubiese alcanzado el lago Argentino y su ventisquero, en lugar de volver a sólo 3 días de encontrarlo.

Respecto del ambiente, Francisco P. Moreno escribió: “El suelo es arenoso, arcilloso y está cubierto casi completamente de cascajo; grandes cantidades de arbustos (inciensos, calafates, etc.) de hojas de distintos colores armonizan el paisaje.” En otro párrafo dijo: ”La aridez continua, las sabanas de piedras, los arbustos que viven muriendo, le comunican un abatimiento con el que sólo la energía puede luchar”.

El río Santa Cruz se encuentra en la Patagonia Argentina a unos 50° de latitud sur, se extiende por 382 kms desde los Andes hasta el océano Atlántico. Es el segundo río más grande de la Patagonia, con una cuenca que alcanza una superficie de 24.519 km2. Tiene un ancho de unos 300 metros a la altura del pueblo siendo su caudal promedio de 690 m3/s con niveles máximos durante el verano (pudiendo alcanzar los 2.000 m3/s) y mínimos en invierno (150 m3/s). En sus nacientes, dos lagos de origen glaciario (Argentino y Viedma) aportan su agua turbia, color celeste lechoso. El lago Viedma no está directamente conectado con el río SC, sino que vierte sus aguas a través del río La Leona en el Lago Argentino y éste lo hace en el SC. Si bien es un río caudaloso, la pendiente es bastante moderada, alcanzando unos 50 cms/km. El agua tiene una temperatura máxima de 15° C en enero y una mínima de 3° C en julio. Desemboca en el océano en un estuario de unos 25 kms de largo con una amplitud máxima en la zona más ancha de 6 kms. Como en toda la costa patagónica se verifican importantes amplitudes de mareas, con niveles de hasta 12 metros entre máxima y mínima. Los efectos de las mareas pueden notarse hasta unos 36 kms aguas arriba de la desembocadura, en las cercanías de la ciudad. En marea alta, el río se desborda de su cauce, inundando varios metros de orilla. Dato a tener en cuenta si se pesca en esa zona cercana a la desembocadura. El río Santa Cruz, por el momento, es el único de nuestro país que cuenta con una población de truchas estilges.

Las “estilges”

Los primeros salmónidos fueron sembrados en el Santa Cruz en el año 1906 y consistieron en ovas de arco iris y salmones chinook, coho y sebago de USA, además de trucha marrón y salmón del Atlántico provenientes de Inglaterra. La siembra continuó con tres cargamentos arribados entre 1908 y 1910. En 1924 se reportaron capturas de arco iris en los lagos de las nacientes, las truchas habían copado la cuenca, desplazando a las demás especies. Las primeras truchas arco iris fueron traídas directamente de California, de la piscicultura del río McCloud. Dado que en el McCloud hay poblaciones de arco iris residentes y anádromas, se presume que en los cargamentos había ovas de ambos tipos de peces.

Las siguientes siembras, fechadas entre los años 1913 y 1981, fueron realizadas con peces producidos en la estación de cría de Bariloche (derivados de un stock de truchas danesas). En 1991, la municipalidad de Piedra Buena construyó la Piscicultura de Harengus S.A., instalado en la Isla Pavón, contando con especimenes de Bariloche.

Si bien hay siembras que datan de principio de siglo XX, el fenómeno estilge es reciente. El primer registro de una estilge capturada en la zona esta fechada en abril de 1984 y corresponde a una arco iris de 4.1 kgs obtenida por el pescador Miguel Angel Robira, de Piedra Buena. Más allá de registros aislados, la pesca regular comenzó más tarde, a principios de los ´90 y es recién en los últimos años cuándo tomó notoriedad nacional e internacional.

La gran incógnita es ¿de dónde salieron estos peces? ¿Son Steelheads? Si llamamos steelhead, en un sentido amplio, a toda trucha arco iris (Oncorryncus Mykiss) que desarrolla la anadromia, entonces los peces del Santa Cruz merecen el rótulo de steelhead, o cabeza de acero.  Ahora bien, si en cambio restringimos la definición y llamamos steelheads a las arco iris costeras del Pacífico Norte que pueden permanecer hasta 5 años en el océano y alcanzan tallas de más de un metro y pesos de casi 20 kgs (“trophy steelheads”), también podemos incluir a las del SC en la categoría ya que las nuestras pueden bien ser herederas de aquellas, traídas en esos primeros embarques del McCloud de principio de siglo XX.

También podría haberse desarrollado la cualidad anádroma desde peces residentes de agua dulce, dada la alta capacidad de adaptación a la salinidad que poseen los salmónidos, anádromos o no. Esta afirmación podría soportar una tercera línea investigativa basada en el supuesto que las truchas anádromas del Santa Cruz se desarrollaron a partir de un stock de agua dulce, y por motivos aún desconocidos salieron al mar. A través de los estudios realizados hasta la fecha, no es posible determinar con certeza el origen de las truchas del SC y mucho menos el motivo de su anadromia, sin embargo, a través de estudios genéticos con mayor tecnología, que se encuentra realizando el CENPAT pronto develaremos el misterio.

Cualquiera haya sido el origen de las estilges, lo cierto es que hay poblaciones de truchas arco iris en el río Santa Cruz que desarrollaron anadromía (vida marítima y desove en agua dulce) y cuya pesca es idéntica a las del hemisferio norte en dificultad y combatividad. Entonces, si tiene melena de león, ruge como león, camina como león y nos muestra los dientes de león, hasta nuevo aviso: ¡es un león!.

En general, las steelheads nacen en el río, al tiempo descienden al mar, dónde pasan la mayor parte de sus vidas, y al alcanzar la madurez sexual vuelven a subir al río en el que nacieron para desovar y reiniciar el ciclo. A diferencia de otros salmónidos que mueren en el desove, las steelheads pueden realizar varias corridas reproductivas y continuar su ciclo de vida en perfectas condiciones físicas. Su longevidad, producto de resistir los desoves, colabora con los grandes tamaños que pueden alcanzar los ejemplares adultos. En el Santa Cruz, la corrida o “run” se da entre Febrero y Mayo, con una mayor intensidad en Marzo y principio de Abril, dependiendo también de la magnitud de las máximas mareas diarias. De la investigación realizada por el Dr. Miguel Pascual, surge que el 90% de las truchas estudiadas pasó dos años en agua dulce, antes de emprender su migración marina. La tasa de crecimiento de estas truchas es algo más bajo que el de las steelheads norteamericanas con un ciclo de vida comparable.

Por ejemplo, una trucha de 9 kg en British Columbia vivió sus tres primeros años en el río, luego vivió 4 en el océano y finalmente subió a desovar por primera vez (y probablemente única) en su vida. La cuenta nos da que tiene unos 7 años. Una trucha de igual peso en el en el Santa Cruz estuvo 2 años en el río y se encuentra subiendo a desovar por séptima vez consecutiva, tiene 9 años de edad. Entre corrida y corrida, pasa 6 meses en el mar. A igual peso, debemos hacer la cuenta total de años pasados en el océano (los de más rápido crecimiento). La estilge del SC, subiendo todos los años desde el tercero, “perdió” 6 meses de vida marina por año, por lo tanto necesitó llegar hasta los 9 años para acumular igual cantidad de años marinos (3 y medio) que la trucha de BC (ver tabla) y alcanzar su mismo peso.

Según lo expuesto, resulta obvio el motivo por el que no se logran los mismos pesos “trophy” que se obtienen en ríos del Pacífico Norte. Las mayores steelheads del mundo se encuentran en el Skeena River y sus tributarios Babine y Kispiox, en el norte de British Columbia. Hay registros de capturas de steelheads con redes en el estuario del Skeena, que alcanzaron las 50 libras, sin embargo las más grandes capturadas deportivamente rondan las 43 lbs (19,5 kgs. de uranio atómico!!!). Las steelheads del Pacífico Norte retornan a desovar en baja proporción (solo el 10 o 15% realizan el 2° desove), y esto se debe al largo tiempo que permanecen en el mar hasta el primer desove, mientras que nuestras inquietas estilges pueden realizar la pícara friolera de hasta 7 desoves seguidos. Seducción latina…

Los estudios realizados confirmaron que las estilges suben al río a desovar, lo que no ha podido ser certificado es dónde lo hacen. Considerando la extensión de casi 400 kilómetros de río y con estudios iniciales fue imposible establecerlo. Nuestras estilges son seductoras y activas, pero también discretas…

Como referencia, las steelheads del norte pueden remontar hasta 3.000 kilómetros para encontrar un lugar de desove apropiado. El nido lo hacen en lugares con una profundidad de entre 50 cms y un metro, con corriente moderada y con un fondo de piedras del tamaño de una pelota de tenis. Dependiendo la temperatura del agua, los huevos eclosionan en 3 a 5 semanas. Luego pasan dos o tres años en el río, viviendo tranquilamente y preparándose para una vida complicada en el mar. De cada 100 smolts que alcanzan el océano, de un 5% a un 10% regresan a la primera reproducción, el resto muere en las fauces de orcas, lobos marinos, focas, cormoranes, tiburones y demás predadores, incluyendo redes de pescadores comerciales y anzuelos de deportivos.

Tanto las steelheads y las estilges son peces altamente deportivos por la dificultad de su captura y por su inagotable fortaleza. En el hemisferio norte, le dicen el pez de los mil lanzamientos, haciendo referencia a la cantidad de tiros que requiere la captura de un ejemplar, buena medida de la complejidad de su pesca. Su fuerza sin igual se origina en la estadía marina que le exige sobrevivir y alimentarse en un ambiente mucho más hostil y competitivo que el de agua dulce. Un mix de dificultad, velocidad y fortaleza colocan a la steelhead en el podio de los peces más deportivos del mundo.

Un motivo por el cuál es difícil su pesca es que, según estudios realizados, no se alimentan durante la corrida, viviendo de las reservas de grasa acumuladas durante su estadía marina. Por lo tanto el pescador no puede apelar a sus gustos alimenticios para capturarla, sino más bien a la ira que emerge cuando es molestada en su tarea reproductiva por un intruso.

Luego de esta nutrida introducción en la que hicimos algunas anotaciones sobre la zona, el río y los peces, le propongo que retomemos el relato de la salida de pesca, que quedó en suspenso luego de conocer la historia de la zona y de sus truchas. Espero no se haya aburrido en este repaso, que creo riquísimo para darle a la experiencia de pesca un valor superior al de lanzar una Woolly Bugger con shooting. Para seguirme en el relato, le recomiendo que se sirva algo, se acomode en su sillón preferido, se ponga el cinturón de seguridad y me acompañe a esta montaña rusa de la pesca con mosca.

Una excursión memorable

Habíamos dejado el relato en el final de mi semana laboral, encontrándome en el micro que une Gallegos y Piedra Buena. Durante el viaje me aboqué a terminar un informe y a entrar de lleno en la pesca leyendo el material que había llevado impreso sobre las estilges. Al llegar, Odina, la señora de Mario, me llevó a su encuentro. Me hospedé en la confortable hostería de la Isla Pavón, construida, a pasos de aquella casita de Don Luis Piedra Buena, gracias a una iniciativa y financiación municipal y orientada a recibir pescadores. Tiene una infraestructura de buen nivel y mucho confort en habitaciones con TV con múltiples servicios, y una gastronomía de excelencia (minuciosamente testeada por nuestro grupo), todo ello con precios realmente accesibles. Parece increíble encontrar esa hostería en esa isla de paisaje hostil que una vez albergó la empresa de Piedra Buena.

Llegué para la cena. Me esperaban los que iban a ser mis compañeros de pesca y, como pronto pude comprobar, de desarreglos gastronómicos. Sorprendido descubrí que esos pescadores desconocidos eran amigos de la AAPM: Luis Agrest y Luis Galli. El encuentro fue mientras degustaban una soberbia picada regada adecuadamente. Estaban exitados comentando el día de pesca. Durante la cena probamos platos exquisitos, mientras sonaba en el ambiente una música tranquila y veíamos, a través de la ventana, el gran río y su costa. Como los Luises habían estado pescando desde dos días antes, tenían relatos a granel. Habían perdido pescados enormes, sacado algunos buenos y estaban enloquecidos. Hasta gozaban de un bronceado Caribe producto de días diáfanos y sin viento. Comí casi en silencio, haciendo pocas preguntas puntuales y pensando que siempre la pesca era buena el día anterior a nuestra llegada. Mi cabeza daba vueltas a mil por hora. Amigo lector, si usted es pescador, puede entender perfectamente la sensación. Si no lo es, hágase pescador para sentirla, no hay otra forma. Me torturaban con relatos emocionados de piques violentos, corridas infinitas, cortes de tippets gruesos y saltos con salpicadas por doquier… Me parecía estar viendo algún video de Lani Waller o Jim Teeny. Ellos ni se imaginaron cuánto alimentaron mi insomnio esa noche. Como cierre de la jornada, mereciendo varios infiernos por el pecado de gula, planificamos la estrategia para el día siguiente y nos fuimos a dormir….. Dormir? Ellos habrán dormido, yo estuve hasta las 2 AM preparando el equipo y las moscas para el día siguiente!! Si alguna vez duermo tranquilo antes de una gran pesca, me dedico a otra cosa…

Como es habitual, cuando sonó el llamado despertador ya estaba bañado y listo para desayunar. Con la habitación en penumbras, cargué las cajas de moscas para clasificarlas y seleccionar las “calientes”, tan fugaz había sido el viaje que no había tenido tiempo de separar paja del trigo. Cuando llegaron los demás, la mesa de desayuno parecía fly shop. Había moscas por doquier, mesturadas con las pocas medialunas que quedaban. Luis Galli me miró y, en silencio respetuoso, se concentró en su café. Pude leer en su mirada: “este pibe está loco”, y razón no le faltaba. Luego de asestarle un golpe irrecuperable a la población de medialunas y a los stocks de dulce de leche de la provincia de Santa Cruz, nos inyectamos un tazón gigante de cafeína vía oral y salimos vestiditos de mosqueros, una mezcla pintoresca de boina verde de Desert Storm y cowboy del far west. Había helado tan fuerte que un auto estacionado en la puerta parecía una escultura de hilo, sin embargo la mañana era soleada y sin viento… “¿Esto es Santa Cruz? Parece Corrientes!!”. Era un amanecer magnífico en la orilla del río. Rato largo estuve buscando infructuosamente un borbollón que indique vida. Mario, puntual, nos cargó en la camioneta y salimos. Durante el viaje calmamos la ansiedad (si eso fuese posible!) intercambiando moscas y nuevas anécdotas. “Ponele la Campeona” me dijeron con cara cómplice… “¿Qué? Déjense de embromar!” Resulta que Mario había “creado” tres moscas que merecían el podio: la Campeona, la Subcampeona y la Mamacha, esta última debe su nombre a las grandes morenas usadas como efectiva carnada en el norte y gracias a su similar tamaño… Con semejantes nombres y prontuarios esperé ver algo realmente novedoso. Con desilusión comprobé que la primera era una Woolly Bugger negra atada en anzuelo largo, con cola de lagartija (2 veces y media el largo del anzuelo!) y cuerpo de Crystal Chenille naranja y denso. La Subcampeona era la misma mosca pero con cola de rabbit negro de igual largo exagerado y la Mamacha era una rabbit de casi 10 cms, negra también. Ante semejante nivel de creatividad, bromee con Mario, pero quedé con una cuota de escepticismo y tomé nota de los detalles comunes de las tres moscas: tamaño baño, mucho movimiento, colores muy oscuros y brillo. También guardé dos notas mentales que decían: “si hay viento, las tirás con gomera.” y “acá la mosca no importa nada…”

Luego de armar y probar hasta el cansancio el equipo, empezamos a pescar en las correderas cercanas al puente viejo (instalación de hormigón sobre la cual se montaba un puente militar). Con el entusiasmo inicial y algunos cambios de mosca y lugar que lo fueron renovando se nos pasó la mañana sin un toque. Tiramos y tiramos pero no hubo respuestas, ni con la campeona… Poco antes del asado, Luis ”Chango” Galli, luego de haber coqueado durante toda la mañana obsequiándonos ese exquisito aroma con reminiscencias de bosta de vaca, hizo gala de su fama de afortunado (adquirida según él gracias al mencionado y aromático procedimiento) y clavó un macho enorme, con la boca bien deformada y picuda. Peleó ferozmente y se inmortalizó en numerosas fotos. Abrazos y felicitaciones, y todos de nuevo al yugo con un entusiasmo renovado.

Pescar en este río inmenso, sabiendo que bajo el agua puede encontrarse Nahuelito (una steelhead de más de 10 kilos) es una sensación inigualable. Cada tiro puede ser para “oh, what a fish!!!”, el clásico comentario ESPN, y culminar abrazados al pescado de nuestras vidas. Por eso es recomendable preparar bien el equipo y revisarlo de tanto en tanto para evitar, por ejemplo, pescar con un anzuelo desafilado por las piedras del fondo, un tippet mellado o un nudo en el leader. Las estilges exigen el equipo al máximo, cualquier malfuncionamiento es castigado con la pérdida del pez y el tradicional sabor amargo en la boca… Me pasó, como leerán a continuación…

El equipo completo disfrutando del cordero de Don Vergara

El asado consistió en un cordero sabiamente asado por Don Vergara, encargado de la finca. Su perro Malevo, fiel compañero, se encargó de reducir los restos a una velocidad comparable al demonio de Tasmania. Llegado el momento de las fotos, don Vergara lo llamó: “Vengase Malevo, que esta foto va pa´ Buenos Aires!” La simpleza típica de la gente de campo que nos acoge en nuestras salidas de pesca. Con energías repuestas (cómo si no trabajáramos con amplias reservas…) encaramos una tarde que resultó muy fructífera. Mi resumen personal fue 4 piques totales, dos truchas pequeñas llegaron a mis manos y dos grandes que, ellas por ariscas y yo por chambón, no se dejaron fotografiar. Una de ellas peleó duramente y cuando trataba de vararla para algunas fotos golpeó en una piedra filosa de la orilla y cortó el tippet. La otra nos regaló a todos un espectáculo circense: ni bien prendida comenzó a saltar como un marlín hacia el centro del río, sosteniéndose apenas con la cola en el agua. Nunca había visto semejante vigor y acrobacia. Sacaba backing a una velocidad increíble mientras se contorsionaba en el aire. Fueron unos segundos nada más y concluyó su show con un salto de un metro de alto, que le permitió liberarse del anzuelo. Tenía la profunda sensación de haber perdido la trucha del viaje. Quedé con la mirada perdida en el horizonte y de mi boca brotó un rosario de maldiciones. Tendría unos 4 kilos, o más… no sé; no quería ni pensarlo. La caída del sol fue digna del Mejor de los Pintores, con combinaciones de colores apenas imaginables y propias de atardeceres en geografías planas. Y el viento seguía sin aparecer…

Regresamos al hotel y se acercó el Intendente de la ciudad: Sr. José Ramón Bodlovic acompañado de un Concejal, para mantener una reunión con nosotros, pescadores y representantes de la AAPM. Con una pasión y su correspondiente acción, poco usuales en autoridades gubernamentales, escuchamos los logros y planes que tenían para la ciudad y el pesquero. Realmente notamos una firme voluntad de la comuna de brindarle a la pesca deportiva un lugar preponderante. También nos alegró comprobar el reconocimiento del que goza la AAPM en todos los rincones del país, sintiéndonos orgullosos de poder ser cancilleres de nuestra pasión y de nuestro querido club. A la noche cenamos con más anécdotas y experiencias vividas durante el día, a las cuáles pude aportar mis monstruos escapados, corridas, saltos, salpicadas, cortes y quebradas. Esta vez caí dormido sin problemas, un día de pesca en el Santa Cruz es una prueba física de las más exigentes que puede tener un mosquero: equipos pesados, moscas grandes, lanzamiento largo, viento, río correntoso y peces enormes. Hay que tener un estado físico olímpico para resistir la exigencia, o una caja con suficiente Diclofenac (anti-inflamatorio). El cansancio y los dolores musculares de un simple día de pesca con exceso de alimentos, deben hacernos valorar aún más la magna tarea concretada por F.P.Moreno, sirgando un bote a razón de 16 horas por día y con mínimos recursos. Cuando cerré los ojos todavía estaba la imagen de los saltos de “aquella trucha” que había escapado.

Un rato antes del beep electrónico del despertador, ya había cumplido con la reconfortante rutina de mirar por la ventana para evaluar el clima, bañarme, enfundarme en ropa térmica y salir a desayunar. La alegría que se palpita en esos desayunos “nocturnos” es asombrosa. A pesar de dormir poco, tener un cansancio acumulado por varios días de pesca y esperarnos un clima frío y hostil, los pescadores desayunan contentos. Se da un contraste con los mismos actores, en la misma franja horaria, pero con la expectativa de una jornada laboral, pueden convertirse en verdaderos ogros malhumorados. Cosas que hace la pesca. Moscas, bromas y detalles técnicos del equipo llenaron la cabina de la chata hasta arribar al lugar de pesca. El blanco estaba centrado en un sector llamado del “alambrado”, Mario le tenía mucha fe. Empezamos a pescar, casi no había viento y era otro día azul. Moscas gigantes y tiros largos, unos grados downstream. Luis, el “coquero”, se quedó unos metros antes, dónde el día anterior había tenido un muy buen pescado escapado y con Luis “manos maestras” Agrest fuimos directo al alambrado. Bajamos la corredera haciendo la pesca tradicional de streamer, tirando apenas aguas abajo, dejando hundir, moviendo la mosca y recogiendo cuando la línea se va poniendo paralela a la costa. Nada. Las miradas levantando la cabeza en señal de pregunta: “¿algo?”, eran seguidas por un cierre de ojos meciendo la cabeza en negativa rotunda. Sigo avanzando hasta que me toca llegar al sector “exclusivo” del alambrado (apenas diez o quince metros de costa) que, según Mario, es el “hot spot” (sector caliente) del lugar. Me doy vuelta y lo veo a Mario detrás mío en la costa. Con cara de póker y mirada cómplice dice: “Quedate un rato ahí, no avances hasta cubrir bien toda el agua, no dejes un centímetro sin cubrir.”, como ya había pasado Luis y yo era el último en la fila, decidí hacerle caso. Tres o cuatro tiros con una rabbit negra pero nada pasó. Tenía que hacer algo, se me acababan las horas de pesca y había sacado sólo dos truchas pequeñas. Decidí cambiar de mosca. En la caja de los “gatos” encontré una Hi-Tonde, que empecé a usar hace unos años y que es una mezcla de Hi Ti, Deceiver y Blonde (ver foto). Con una versión de esa misma mosca en colores claros, el año pasado había sacado una marrón muy grande en el Limay Medio, y justo sobre la hora. “¡Tenía que salvarme otra vez!” Até una en negro y rojo a la soga que usaba de tippet (0.31 mm!!) y, luego de revisar el leader completo, reanudé la pesca. Al segundo tiro sucedió.

La Hi-Tonde, mezcla de Hi Ti y Blonde

El mundo se detuvo por un segundo y me sentí como los personajes de “The Matrix” suspendido en el aire con el tiempo detenido. La línea se frenó con firmeza y los primeros cabezazos eran largos y espaciados, era una trucha enorme o un surubí. Por razones obvias descarté la segunda posibilidad. Desde el instante inicial supe que no era uno de los tantos enganches que indican si estamos pescando a la profundidad adecuada. Me preparé para una pelea pareja, verificando que los pocos metros de amnesia recogido saliera sin obstáculos en la primera corrida para lograr control con el reel. No saltó, decidió pelear en profundidad, parecía un submarino, solo podía traerla cuando ella quería, como pasa con todos los peces muy grandes. Por suerte no saben que con solo nadar a favor de la corriente podrían escapar del engaño sin dificultad. En las corridas lo único que podía hacer era dejarla llevar, controlando que no se trabe el reel con el wader ni con las diez mil tonterías que llevamos al río, que el freno funcione suavemente, que en un posible salto no me escupiera la mosca y rezando que los nudos del tippet y el splice no cedan. En resumen, lo único que podía hacer es controlar dos o tres variables claves y rezar para que el millón de otras variables naturales y humanas no jueguen en contra. Es curioso esto de la pesca, buscamos la emoción de pelear un pez con un equipo liviano, llevando al límite la posibilidad de pérdida. Los seguidores de Sigmund podrían organizar un Congreso sobre esta disfunción sicológica fronteriza con el masoquismo que tienen los pescadores, que buscan la emoción y el miedo de perder un pez… Poco a poco fue acercándose (yo no la traía, ya que eso era imposible) y luego de unos 15 minutos, la varé en la orilla agotada. Quedé asombrado, era un pez ejemplar, hermoso, una estilge realmente maravillosa. La balanza de Mario sentenció 6.5 kilos, midiendo 86 cms de largo. Para culminar la tarea e inmortalizar el feliz momento, hicimos un casting de fotos digno de una agencia de modelos, con sombrero, sin sombrero, con Luis, con Mario, solo, con Luis pero sin sombrero, trucha arriba, trucha abajo, el sol de costado, sin sol, con río, sin río, etc, etc.

Luego de la sesión fotográfica, me sentía saciado y satisfecho. Tanto que no volví a pescar hasta luego del almuerzo, y eso, en mi, es mucho. La “truchita” nos tuvo entusiasmados toda la tarde aún no habiendo tenido un solo pique más. ¡No me importaba! Mis compañeros estaban también felices. Poder disfrutar de la pesca ajena es una cualidad fundamental del pescador y estos amigos son señores pescadores. Durante la noche y en la cena estuvimos analizamos el día de pesca, tratando de sacar algunas conclusiones. Pesca científica, dirían algunos, yo creo que ese repaso diario es la mejor manera de aprender de las experiencias. Brindamos por el éxito del grupo y por los días disfrutados.

El Santa Cruz es un río difícil, requiere buenos lanzamientos, equipos pesados y buena técnica de pesca de streamers. Pero hay una buena noticia: hay mucho por descubrir. Los mosqueros en el SC estamos como dos siglos atrás estaba el Perito Moreno, frente a una tarea de descubrimiento majestuosa, frente a un estuario y un río de cual no conocemos sus nacientes. Hay mucho por investigar, por entender, por descubrir y por conocer. Subsisten muchos interrogantes sobre el comportamiento de las estilges, sus hábitos, sus migraciones y sus zonas de desove, como también sobre su pesca. Este desafío es realmente atrayente para un pescador, poder hallar respuesta a estas preguntas a través de la investigación y práctica esforzada es mucho más motivante que llegar al lugar de siempre, poner la mosca habitual, pescar como siempre lo hacemos y capturar el pez que esperábamos. En el SC, las sorpresas están a la orden del día, y la trucha de su vida, amigo lector, puede estar esperándolo.

Mario me alcanzó hasta el aeropuerto de Gallegos. Mientras el avión despegaba, maldecía en cuatro idiomas por tener que volver a BA y aproveché el momento para recordar y grabar en mi memoria los momentos maravillosos que vivimos con Mario, y los dos tocayos de Don Luis Piedra Buena. Me juré no dejar pasar una temporada sin bañar mis moscas en este paraíso de nivel internacional, que es Comandante Luis Piedra Buena, por su historia, su paisaje patagónico, sus estilges y la hospitalidad de su gente.

Fuentes:                             

Viaje a la Patagonia Austral – Francisco P. Moreno
Tras las huellas de Darwin – Toby Green
Steelhead Fly Fishing — Trey Combs
La trucha arco iris del río Santa Cruz: un experimento natural en el laboratorio de la Patagonia – Miguel Pascual, Carla Riva Rossi y Milagros Arguimbau – CENPAT, CONICET – Publicada en Acción de Punta – APMN
First Documented Case of Anadromy in a Population of Introduced Rainbow Trout in Patagonia, Argentina – Miguel Pascual, Paul Bentzen, Carla Riva Rossi, Greg Mackey, Michael T. Kinnison y Robert Walker – CENPAT, University of Washington and Dartmouth Collegge
Las olas agitadas murmurarán para siempre su nombre – Raine Golab – www.flyfishing-argentina.com
www.state.ak.us/adfg/notebook/fish/steelhd.htm
www.cenpat.edu.ar
www.geocities.com/scott_cotter/fish3.htm
www.fishlakeerie.com
www.scruz.gov.ar/turismo

Dedicada a mi viejo Carlos que siempre tuvo tiempo para llevarme a pescar y me dejó la mejor herencia que un hijo puede recibir: muchas horas compartidas junto al río.

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