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Frank Sawyer

Por Andrés Álvarez

Frank Sawyer nació en 1906 junto al río Avon, en el sur de Inglaterra, y le dedicaría a él toda su vida.
Los ríos en esta región recorren tierras de pastoreo que han estado ocupadas desde tiempo inmemorial y son privados, el acceso a ellos está regulado por las asociaciones de pescadores con derechos sobre sus aguas. De ese modo, sólo tienen acceso a la pesca, los socios que son admitidos como -rods- cañas, en un procedimiento riguroso con bolilla negra, y que acepten respetar el código de ética que la asociación haya aprobado para la pesca deportiva en el río.
Precisamente Sawyer comienza a trabajar en 1928 como encargado -river keeper- para una de ellas, la Officer’s Fishing Association que poseía derechos de pesca sobre una extensión de seis millas sobre el curso superior del río Avon, en la región de Wiltshire.
Sus tareas consistían en el mantenimiento de las orillas, despejar el curso de las algas que crecen en abundancia, eliminar a los lucios que atacan a las truchas y mantener bajo control las poblaciones de tímalos y las especies sin valor deportivo -no game-.
En la primera parte del siglo pasado la costumbre imperante señalaba como único método caballeresco para pescar truchas de un modo deportivo el establecido por F. M. Halford (l844-1914), con mosca seca y aguas arriba, lo que dejaba subsistente el problema de qué hacer cuando las truchas sólo comían por debajo, no había actividad en superficie y no prestaban atención a éstas. Y explica las tribulaciones de Skues -G E M Skues, 1858-1949- cuando se siente culpable, pues estaba violando el código de ética de su Asociación, cuando luego de repetidos intentos con mosca seca a una trucha que veía tomar a ras de agua, intenta con una mosca semihundida y la pesca.
Estas observaciones de pescar una mosca semihundida como si se tratara de una emergente, ya habían sido hechas por Skues, quien la considera una técnica auxiliar de pesca para cuando no es posible utilizar secas; para el momento en que Sawyer, un talento claramente independiente, alimentado por su vivo interés en la pesca y la observación diaria de los pescadores del Officer’s, lleva sus conclusiones un paso más allá, y formula un método completo para pescar en toda la columna de agua.
Para ello le fue necesario, no solamente hacer un estudio minucioso de las formas subacuáticas de alimento de las truchas cuando no tomaban insectos en superficie, dado que no existía ningún trabajo previo a ese respecto; sino también, y quizá mucho más importante, que la entidad que empleaba a Sawyer, hubiera hecho una enmienda en sus estatutos que autorizara a sus socios a pescar de esa manera.
Así como cincuenta años antes, en que acalorados debates habían precedido la adopción de la mosca seca como método válido, la controversia volvía a repetirse, esta vez, considerando si era caballeresco o no pescar de otro modo que no fuera con mosca seca.
Los derechos de estas entidades sobre las aguas de pesca, y su obsesión por imponer normas de caballerosidad deportiva, hacía que establecieran rígidas normas sobre sus asociados, y que éstos debieran respetar un código de ética deportiva que se asumía como un dogma.
Esa es la razón por la que Skues pescaba con sus moscas semihundidas prácticamente a escondidas, sobre todo teniendo en cuenta, que tuvo la mala suerte de estar en la misma asociación que Halford, la Flyfisher’s Club de Londres, cuando él era aún muy joven y socio nuevo, y este último un talento consagrado. También la razón por la que calificara a su técnica como auxiliar –Minor Tactics- y que fuera necesario que pasara mucho tiempo, casi cincuenta años, para que alguien pudiera tener la amplitud de criterio necesaria para desafiar el dogma, y desarrollar una técnica para seguir pescando, aún cuando las truchas no tomaran secas.
Sawyer fue en ese sentido, un talento independiente. Quizá por su posición de empleado de la entidad y no de socio, lo que lo desobligaba por lo menos en su fuero interno de ceñirse a sus reglas; quizá por haber presenciado en innumerables ocasiones como los asociados no pescaban cuando no se daba de secas, aún cuando las truchas estuvieran presentes y activas; o posiblemente por su indudable espíritu práctico, que más allá del dogma imperante lo hizo concebir todo un método nuevo más allá de las costumbres de su época. Método que, por otra parte, no adolece de falla alguna en su aspecto deportivo, y que además, habría de convertirse en uno de los más complejos y eficaces en la pesca con mosca.
Dado que se proponía pescar con todas las formas subacuáticas de desarrollo de los insectos previas a su emergencia, tuvo que dedicarse a estudiarlas, para saber qué es lo que las truchas comían cuando él las veía alimentarse bajo el agua. No desde un punto de vista entomológico, sino puramente utilitario. Para ello diseña un largo cajón con dos tablas de madera, dividido en el interior en compartimientos de zinc perforado que permitiera el paso del agua y cubierto con una placa de vidrio, que le posibilitara ver el desarrollo de las formas inmaduras de insectos en su interior, sobre todo los que reptaban hasta la cubierta de vidrio o se sostenían en la cara interior de ella.
Indudablemente cada desarrollo se corresponde a su época y constituye un reflejo de la evolución de las ideas y de las técnicas disponibles para llevarlas a cabo. Las moscas húmedas fueron concebidas en su momento como meras creaciones artísticas, a la manera de las moscas de salmón, las que no se parecen a ningún alimento que estos puedan encontrar alguna vez bajo el agua, salvo que estemos hablando de un acuario de peces tropicales y no de un áspero río de la tundra. A pesar de que algunas de ellas lleven nombres de insectos concretos, resultan ser más bien creaciones de fantasía, pues sino, habría que preguntarse quién ha visto alguna vez en un río truchero una forma de alimento siquiera parecido a una Permachene Belle, si alguna hubiera habido portando colores tan estridentes, seguramente habría entrado en extinción hace rato.
El desarrollo a continuación de la mosca seca, ya no consintió este obrar de libres pensadores dando rienda suelta a sus talentos artísticos, y sus creadores debieron ajustarse más a lo que veían sobre el agua. Si bien su orientación fue meramente descriptiva, una mosca para cada insecto, y hasta hay machos y hembras, no fue preciso profundizar más allá de lo puramente imitativo.
La pesca con formas subacuáticas de insectos que Sawyer se propuso, presentó en cambio otras dificultades. Al no ser estos apreciables sobre la superficie, era necesario estudiarlos previamente para saber de qué las truchas se estaban alimentando. Éste resulta ser un método de pesca mucho más específico, en el que no basta la aproximación genérica de la pesca con moscas húmedas, ni la tendencia meramente imitadora de las secas, sino que para pescar en toda la columna, se hacía necesario conocer los distintos estadíos del de-sarrollo de estos insectos, a qué profundidad era posible encontrar cada uno de ellos y en qué sector del río habrían de encontrarse, dado que no era posible verlos, aun cuando fuera posible distinguir al pez alimentándose de ellos.
Sawyer desarrolla sus técnicas en el río en que trabajaba, el Avon, uno de los chalk stream ingleses. Estos son cursos de llanura que no provienen de deshielos sino de manantiales, cuyo caudal se mantiene constante a lo largo del año. Con orillas altas cubiertas de césped y cauce en forma de “u”, se asientan sobre un lecho de piedra caliza que constituye el substrato de toda la región, precisamente los acantilados blancos que le dan a la costa sur de Inglaterra su fisonomía tan particular.
De aguas sumamente fértiles, hacen necesario que se poden las algas que crecen en su seno, y sostienen una gran cantidad de formas subacuáticas de insectos que sirven de alimento a las truchas.
Un paseo conocido y utilizado por las clases altas desde la época victoriana, conforman un entorno apacible, con praderas dedicadas a la ganadería y casas de piedra con techos de paja en sus orillas, que recuerdan las escenas salidas de un cuadro de John Constable.
Estos ríos de aguas siempre transparentes y corriente tranquila, en nada se asemejan a los de ladera de montaña, fondo de piedra y alimentados por deshielos que parecen ser más típicos, como ambientes trucheros, en otras partes del mundo. De ese modo, sus técnicas de pescar a trucha vista y detectar el pique observando cuidadosamente los movimientos de la trucha, detalle sobre el cual enfatiza, no resulten quizá directamente trasladables a otro tipo de ambientes en toda circunstancia. Pero en cambio su enfoque, en cuanto a que es posible pescar con formas subacuáticas de insectos en toda la columna, sus investigaciones en cuanto al comportamiento de las ninfas, que determinaba el modo en que éstas debían ser presentadas, y sus observaciones en cuanto a los elementos relevantes que debían tomarse en cuenta para su atado, han constituido un avance decisivo, fruto de su independencia de criterio, y han puesto sobre el escenario una nueva modalidad de pesca, que lejos de la Minor Tactic como alguna vez se la pensó, habría de convertirse en una técnica suprema de la pesca con mosca.

Aquí se pueden apreciar los rasgos característicos del montaje de Sawyer,
cola muy corta de 3 mm, abdomen delgado y conificado hacia el torax
y el aspecto piloso que confiere en el agua la ilusión de vida.

Las PT representan el género Baetis de ninfas nadadoras y formas delgadas.
El autor no describe otras familiasde formas más abultadas,
que a diferencia de aquellas son trepadoras, o reptantes y se desplazan
por el fondo del río. Y seguramente por ser propias de otras aguas y totalmente ausentes
en los ambientes que describe, no dice una palabra ni de caddis ni de stoneflies.

Si bien como acontece con otras creaciones humanas no resulta posible atribuirlas a una sola persona, Sawyer fue en cambio el primero en formular un método completo para la pesca con formas subacuáticas de insectos, incluyendo sus propias moscas, la pheasant tail -PT- cuya forma tan peculiar de atado, tan solo con alambre y fibras de una pluma de cola de faisán, evidencian un espíritu práctico y la aplicación en forma directa de sus descubrimientos en cuanto a la vida de estas formas inmaduras de insectos, efectuadas a través de sus estudios en el río. Así señala que el abdomen debe ser afinado para facilitar la penetración en la película superficial, que el lastre mediante vueltas de alambre de atado debe estar en el tórax que es más protuberante, que no hace falta representar las patas con hackle dado que las ninfas las repliegan cuando se desplazan, y hasta el detalle que debe hacerse coincidir la banda de color más oscuro que generalmente tienen estas plumas junto al raquis, para representar la coloración más oscura que poseen las ninfas en su cubierta alar cuando están maduras y próximas a eclosionar.
Si bien la PT recibió un aporte cosmético casi demoledor en su paso al otro lado del atlántico, en que se la dotó de un tórax de pavo real, o de una cola del doble de largo de la descripta por el autor, o de una apariencia mucho más rolliza que el abdomen afinado que facilita la entrada en el agua, y hasta de una cubierta de caja de alas de pluma de pavo cementada, el método de montaje de Sawyer, tan solo con alambre y pluma, es único en su tipo y no ha sido utilizado en ningún diseño original posterior. Alambre para producir el lastrado y las fibras de pluma, cuyo aspecto piloso, dan la sensación en el agua, de ser parte de un organismo vivo. Esta ilusión de vida, y la necesidad de crearla en cada una de sus moscas es un tema dominante en la obra de Sawyer, pues ya había advertido a través de sus experiencias, que habiendo logrado una imitación casi perfecta, tanto que hasta le era difícil diferenciarla de las reales prescindiendo del anzuelo, esta mosca sin embargo no resultaba interesar a las truchas, que ignoraban sus ofrecimientos. Lo que le hizo pensar que la clave estaba en el movimiento, el que se podía lograr con la utilización de fibras de pluma, cuya apariencia en el agua, imita el movimiento de las branquias que poseen las ninfas en su abdomen.
Su creación es evidentemente impresionista, y su acierto en determinar cuáles son los elementos que desatan el reflejo de ataque de las truchas y deben ser tenidos en cuenta para el montaje de la mosca, siguen conservando su vigencia hasta el día de hoy, en que otras concepciones más imitadoras, como las que ponen el acento en la morfología del insecto o el carácter traslúcido de los materiales que supuestamente sugerirían una mejor apariencia de vida resultan cuestionados, pues a pesar de que los elementos actuales permiten una imitación casi perfecta, no por ello estas moscas resultan ser más efectivas, y pueden ser vistas en todo caso como el producto de la evolución de las técnicas de atado, pero no necesariamente como instrumentos de pesca más eficientes.
La creación de Sawyer es un instrumento de trabajo, sin concesiones a la estética, una síntesis de sus observaciones en el río, y una consecuente aplicación de sus principios, dado que en reiteradas ocasiones sostuvo que la simplicidad es una meta a lograr. Ciertamente una manifestación principista muy comprometida, para alguien que ha pasado a ser uno de los creadores en la pesca con mosca desarrollando solamente tres, sobre todo cuando en su época lo común era precisamente lo contrario; y una preocupación por lograr una síntesis de diseño y eficacia, que parece haber sido un rasgo común en la idea que anima la obra de los grandes creadores. No parece ser una mera casualidad que, cincuenta años después Marinaro expresara las mismas ideas, criticando precisamente la proliferación de moscas húmedas. Ni tampoco su mirada sobre la obra de Halford y sus “Mejores Cien Patrones de Mosca Seca” incluido en su libro “Entomología de la Mosca Seca” (Halford, F M )

El Enfoque “Desde el Punto de Vista de una Trucha”

“Si estas son las cien mejores, razona Sawyer, es por que seguramente hay muchas más que no merecen ser siquiera mencionadas. Y si siguiéramos esta línea imitadora podríamos también imitar todas las moscas del río, es más, podríamos también proponernos imitar todas las del valle, pero no por ello lograríamos moscas más eficaces, por que seguramente menos del diez por ciento de ellas serían aceptadas por las truchas”.
“Las láminas con que los autores ilustran sus obras resultan ser exquisitas creaciones, pero es la trucha y no el pescador quien debe decidir si son o no atractivas”, concluye. Por ello propone crear desde el punto de vista de las truchas, haciendo lo posible por incluir en sus moscas, aquellos detalles que desencadenan su instinto de ataque, y presentando de un modo que reflejara las conductas esperables de tales insectos en el río.
La dimensión de la obra de Sawyer se comprende en cuanto se advierte que en sus inicios partió prácticamente de la nada, y con su enfoque general sobre el problema que se proponía resolver, llegó a la formulación de una teoría completa, para lo cual no solamente debió estudiar por su cuenta las formas subacuáticas de alimento de las truchas, sino también el comportamiento de éstas, y ponerse a pensar de una manera nueva, formulando principios que le permitieran armar el rompecabezas que la realidad le mostraba. Se hizo cargo, para expresarlo de algún modo, de resolver esa parte del problema que la técnica de pesca imperante a ese momento dejaba sin respuesta.
Es un hecho reiterado en la evolución de la técnica y la ciencia, que algunos desarrollos importantes se hayan logrado cuando alguien se hubo propuesto resolver, con un método innovador y atravesando las ideas de su época, aquella parte del objeto de estudio, de la cual, el conocimiento corrientemente aceptado no puede dar cuenta.
Cuando las normas de ética deportiva sostenían que el único método digno de caballeros era pescar truchas cuando éstas tomaban en superficie moscas secas, Sawyer habría de desarrollar un método igualmente deportivo para pescarlas en toda la columna.
Siendo un profundo observador había percibido que los mejores ejemplares, los que por su porte detentan en el río una presencia dominante, suelen ocupar los mejores lugares. aquellos que protegidos tras algún obstáculo natural le permitan al pez hallar resguardo de la corriente, y que ésta le lleve hasta ahí su alimento. Y que cuando se ha divisado a alguna trucha tomando moscas secas en alguno de estos lugares, casi con seguridad podría esperarse pescarla con ninfas en otro momento, cuando no hubiera actividad en superficie, pues siempre se posicionaría en el mismo lugar y estaría comiendo.
Su comprobación es muy práctica y parte de lo que hallaba en el estómago de las truchas que pescaba, el ochenta por ciento del contenido eran ninfas, lo que demostraba la prevalencia de esta forma de alimentación. Si bien ésta es una afirmación –porcentaje incluido- que muy frecuentemente se suele encontrar en los artículos que se escriben sobre pesca con ninfas, Sawyer lleva sus conclusiones un paso más allá, y no solamente es el primero en referir ese famoso ochenta por ciento, sino también en sostener que aún cuando no se observaran tomadas en superficie la trucha seguía alimentándose bajo el agua, sencillamente por que lo había visto repetidamente en sus observaciones.
También que en estos ríos de orillas altas y aguas calmas, la silueta del pescador es fácilmente distinguible contra el cielo, por lo que recomienda cubrirla contra los árboles, o directamente recorrer los espacios abiertos agachado. Esto no solamente conviene recordarlo cuando se pesque en aguas calmas, sino que era practicado por el mismo Sawyer, quien en la mayoría de las fotografías en que se lo ve pescando aparece en esa posición.
O que, en cuanto fuera posible convenía aproximarse a una trucha vista desde el lado del sol, pues éste ciega su visión de ese costado.
Muchas de estas habilidades no las adquiere pescando, sino llevando a cabo sus labores de encargado. Una de ellas era, como se dijo, eliminar a los lucios, cuando éstos en sus correrías estropeaban algún pozón. Como los cazaba clavándolos con fija, debía previamente detectar su posición, y habiendo comprobado que había un lugar al que siempre volvían luego de atacar alguna trucha, tan solo bastaba tomar posición ahí y esperarlo. Iguales consideraciones valen para las truchas y sus lugares de acecho.
En la actualidad pescar truchas con ninfas no se parece tanto quizá a la técnica por él descripta. Tampoco se asemejan mucho los elementos actuales a los de entonces. Sawyer pescaba con cañas de bambú y para un cumpleaños recibe de su familia como regalo una caña nueva, por que la puntera de la suya se había ablandado, tornándose inútil, luego de pescar cerca de cien tímalos para limpiar el río de estos, como le había sido ordenado por sus empleadores. Hoy en día, es muy probable que una caña actual no experimente fatiga del material a las cien capturas, aunque también, es muy poco probable que contemos con esos cien peces como para probarlo.

 

 

PT atadas comercialmente por el autor o su familia.
Se advierte claramente la falta de cabeza, la mosca aparece
rematada en el punto de unión entre abdomen y torax.

 

A diferencia del método descripto por el autor en su libro,
en que las termina junto al ojo del anzuelo al modo tradicional.

NINFAS

Ninfa es a mi modo de ver, el último estadío del insecto inmaduro previo a la eclosión, dice Sawyer, y agrega que de las distintas clases de ninfas que se observan en el río, nadadoras, trepadoras, reptantes y excavadoras la máxima atención debe prestarse a las primeras, pues son aquellas de las que las truchas se alimentan más frecuentemente. También que tratándose de insectos nadadores pueden ser eficazmente presentados por el pescador, simulando esta acción. Cuando por el contrario, y conforme su criterio a ese momento, una ninfa reptante por el fondo del río no podía ser tan bien presentada, y una trepadora no se había encontrado a ese momento, ni hoy tampoco, un método de presentación que la hiciera aparecer convincentemente, subiendo por el tallo de una planta acuática.
La presentación de la mosca, de un modo que sugiera la ilusión de vida, o despliegue una conducta esperable del original, es siempre un aspecto relevante en sus razonamientos, insistiendo en el hecho que una buena imitación fracasa si no es correctamente ofrecida.
Si bien sus objeciones con relación a la presentación en el fondo del río, posiblemente se encuentren superadas actualmente con la utilización de indicadores de pique y líder lastrado, su postura con relación a las ninfas nadadoras sigue siendo válida y ha influenciado decisivamente el diseño de sus imitaciones en las que propone un abdomen afinado que facilite la penetración en el agua.
Las imitaciones de Sawyer, a diferencia de las de otros autores -Charles Brooks, p.ej.- son creaciones etéreas de reducido tamaño, que puedan ser eficazmente presentadas a una trucha vista con equipo liviano al modo de una mosca seca. En realidad, y fundando su propia teoría, de un modo mucho más sutil y técnicamente más complejo que si se tratara de mosca seca, sosteniendo que la pesca con ninfas toma lo mejor de secas y húmedas, pero aumentando la dificultad y exigiendo mayor concentración de parte del pescador.

LOS CHALCK STREAMS EN LA ACTUALIDAD

Un destino de pesca muy buscado y prestigioso en nuestros días, esta región del sur de Inglaterra con los ríos Test, Itchen, Avon y sus afluentes, sigue conservando el encanto pastoril de una campiña de suaves colinas cubiertas de verde, pasos peatonales de madera y puentes de piedra.
Las Asociaciones de Pescadores suelen ceder los derechos sobre sus aguas a los operadores turísticos que cobran alrededor de doscientos dólares por el día de pesca en un beat, que baja a la tercera parte si se opta por alguno de los tributarios.
No esta permitido vadearlos, por lo que la pesca se realiza exclusivamente de costa, las que habitualmente se encuentran con el pasto prolijamente cortado y una zona cercana donde dejar estacionado el auto.
Si bien se trata de ambientes muy prolíficos que cuentan con poblaciones nativas de trucha marrón se hacen frecuentes repoblaciones para asegurar la continuidad.
Lo que no ha variado es la dificultad en la pesca, el clima cambiante y su efecto sobre las eclosiones tornándolas impredecibles, lo que hace de estos ambientes que resulten sumamente difíciles y que las técnicas escrupulosas de Sawyer de mediados del siglo pasado conserven hasta hoy toda su vigencia.

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