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Con la casa a cuestas

PESCA y CAMPING

por Lucas Figueroa

Salir de pesca con la “casa” y todo el equipo sobre nuestras espaldas nos permite la mayor autonomía posible. Sin embargo, para que nuestra salida resulte placentera conviene tener presentes los siguientes consejos…

La primera vez que se sale en solitario para recorrer alguna zona de nuestra inmensa geografía, se suele cometer el error más común: una mochila enorme con una cantidad de artículos no imprescindibles que nos obliga a quedamos instalados en un solo lugar toda nuestra estadía.

Para evitar traslados complicados y penosos, es recomendable no llevar más de 20 kilos de equipo en una mochila cómoda y bien equilibrada. Las hay muy buenas en el mercado nacional, cuyos costos oscilan entre los 100 y 220 pesos de acuerdo a su capacidad y practicidad. Son ideales aquellas de armazón interno, livianas y de cordura impermeable. La Outside, de fabricación nacional, es muy adecuada a nuestros propósitos: en sus laterales hay un espacio óptimo para transportar dos tubos de cañas sujetos con correas y un bolsillo que asegura la base de los mismos y evita así que se deslicen al primer tropezón; además cuenta con tres compartimientos separados, lo cual permite no desempacar todo el equipo si pensamos quedamos una sola noche en un lugar; una ventaja extra es el bolsillo superior desmontable, provisto de correas, para utilizar de mochila de ataque cuando nos alejamos de nuestro campamento base por unas pocas horas, En mi opinión: excelente.

De las importadas, lamentablemente las mejores casi no se consiguen en nuestro país. La empresa inglesa Karrimor perfeccionó el sistema de armazón en base a estudios controlados por kinesiólogos, traumatólogos y alpinistas, logrando el mejor armazón anatómico que se haya fabricado.

HOGAR DULCE HOGAR

La elección de la carpa es un tema trascendente para cualquiera que vaya a vivir en ella ya transportarla.
Es prioritario considerar el clima y el ambiente en que se va a utilizar (viento, nieve, lluvia y temperatura a resistir) por un lado, y la relación peso-habitabilidad por el otro.

Si donde acampamos no hay vientos demasiado intensos, las carpas tipo canadiense, sean nacionales o importadas (Duve, Cacique, Eureka, etcétera), son una alternativa más económica que las geodésicas extranjeras. Las canadienses de lona, que tantas satisfacciones nos dieron hasta la década pasada, son demasiado pesadas y de difícil transporte en comparación con las actuales de nylon.

Bajo condiciones de alta temperatura, es fundamental que se forme una cámara de aire entre el sobretecho y la carpa para prevenir que el interior se caliente excesivamente. Esta cualidad, que los fabricantes denominan “isotérrnica”, se cumple sólo si el sobretecho envuelve completamente la tienda; es importante, además, que esta estructura sea aluminizada para evitar el calentamiento por radiación solar.

Pero es en zonas lluviosas donde la carpa demuestra su confiabilidad y nosotros nuestra pericia en la elección del lugar de acampe. Es ideal que la carpa disponga de un sobretecho absolutamente impermeable (no así la tela del interior, para prevenir la condensación) y de un alero o vestíbulo donde cocinar y sacarnos los trajes de agua antes de ingresar al interior. Las costuras deben ser dobles, con los paños superiores sobre los inferiores. El piso, a diferencia de la que cree la mayoría, no tiene que ser de un material distinto al del sobretecho: las peores carpas tienen, casi invariablemente, pisos de PVC o de rafia, muy impermeables por cierto, pero fácilmente perforables y en consecuencia de escasa duración, además de pesados. Contrariamente, en las de mejor calidad el piso es de nylon similar al sobretecho.

En definitiva, las carpas más adecuadas a las condiciones de nuestro país son las geodésicas e iglú de nylon, con sobretecho entero y que no sobrepasan los dos kilos de peso por persona que la habita, sobre todo si se va solo. Las mejores son fabricadas por las compañías North Pace, Sierra Design y Quest en el hemisferio norte y cuestan entre 400 y 600 dólares.
Hay también de menor precio (entre 150 y 200), imitaciones de las anteriores, no tan buenas pero igualmente aptas para las zonas que recorremos los mosqueros.

De estas, en nuestro país se comercializan Eureka y Buffalo. Todas tienen una relación óptima entre peso y habitabilidad, y un coeficiente aerodinámico ideal para enfrentar los fuertes vientos patagónicos. En términos generales, las nacionales tipo iglú no son tan buenas, sobre todo por su excesivo peso.

LA HORA DEL CHEFF

En cuanto al equipo de cocina, siempre es conveniente utilizar calentadoresque no nos ocasionen problemas a la hora de aprovisionarnos de combustible y que tampoco nos inunden la mochila del mismo. Para ello resultan ideales aquellos que trabajan con alcohol sólido (Duvé Sport), o también los que vienen con una botella especial para cualquier combustible liquido, como los M SR MK II Stove y M SR International Stove. El primero viene con un set de ollas, sartenes y platos muy práctico para la mochila; sus únicos inconvenientes son la poca maniobrabilidad de las ollas con las manijas provistas, salvo que se disponga de pinzas para ollas de aluminio que se compran aparte (Coghlan’s), y la falta de un recipiente para llevar el combustible liquido si se desea emplear alcohol de quemar. Es uno de los más livianos del mercado ya que está construido en duraluminio.

El precio de los calentadores M SR oscila entre 90 y 150 pesos, y las diferencias están en el combustible que pueden utilizar. Mientras el más económico trabaja sólo con solvente o bencina, el más caro puede quemar cualquier combustible desde alcohol, pasando PQr el diesel oil hasta nafta común y solvente. Vienen con botellitas para combustible de 320, 650 y 970 centímetros cúbicos, lo que permite comprar la que mejor nos venga.

En cuanto al rendimiento, con cualquiera de estos calentadores podemos hervir un litro de agua a 1000 metros de altura en tres a cuatro minutos; utilizados racional e intensivamente, 650 centímetros cúbicos pueden durar unos cuatro o cinco días.

MSR provee además un juego de ollas de acero inoxidable de muy buena calidad, aunque lógicamente un poco pesadas. Academy Broadwayofrece un equipo completo de ollas para doS personas muy económico y realmente liviano.
La comida, ítem fundamental de nuestra excursiÓn, debe ser adecuada en cantidad y calidad. Proveernos de alimentos capaces de servir como viandas y como comidas calientes es un reto a la imaginación.

Para aligerar peso, no se recomienda llevar latas, sobre todo aquellas que tienen un gran contenido acuoso. Una excelente alternativa la constituyen los deshidratados. Dentro de ellos tenemos una buena variedad de vegetales (incluyendo las buenisimas papas deshidratadas en cubos Caterplan) además de fideos y rissottos con salsa (Maggi, Massa & Molho, Knorr Gourmet, ectétera) que se cocinan en solo 10 minutos y con muy poco combustible. Los guisos precocidos deshidratados, como el Arrox lentejas con lomitoy panceta, son ideales para variar un poco el menú.

Las comidas desecadas por congelación, tipo Mountain House americana, revolucionaron el confort de los campamentos: bife a la Strogonoff, a la pimienta negra, pavo a la Tetrazzini, sofisticados omelettes, además de hamburguesas, hortalizas y frutas son algunas de las increibles ofertas de esta tecnologia alimentaria.

Claro, resultan caras si se las compara con la comida tradicional, además de la dificultad para obtenerlas.
(Sólo una de las casas consultadas en la capital federal las ofrece).
Otras opciones, algo más pesadas (200 a 250 gramos por porción versus 100 de las anteriores), son las comidas nacidas en la era del horno a microondas.
Entre ellas encontramos ravioles, Gulash y lomo a la Strogonoff (Só Servir); para su consumo simplemente hay que calentarlas a baño de María, sin necesidad de llevarse el microondas de paseo.

Para los muy cansados del arroz, la polenta y los granos (porotos de soja, maiz pisado para locro, etcétera), se consigue un mondongo deshidratado marca Rural, que una vez remojado no tiene diferencias con el mondongo fresco y es ideal para preparar un buen guiso con algo consistente para masticar.

Los vegetarianos o los que no la encuentren pueden reemplazarlo con un paquete de “milanesas de soja”, que aparte de cocinarse como las de carne permiten, cortándolas en trocitos, hacer una buena “buseca vegetariana”. Los más vagos las pueden comprar precortadas.

La soja texturizada (Granix, por ejemplo), que se consigue en cualquier casa de naturismo, es un buen sustituto de la carne para preparar hamburguesas o albóndigas para acompañar una sabrosa salsa, e incluso milanesas.

El huevo liofilizado en polvo, no muy fácil de obtener, es útil para preparar omelettes, y si le agregamos verduras deshidratadas podremos gratificarnos con una exquisita tortilla de acelga, espinaca o papas.
Pero yo prefiero llevar huevos frescos, los que acomodo en un maple de cartón que aseguro dentro de un envase de plástico tipo “tupper”; esto me permite zarandearlos hasta un limite inimaginable sin romperlos y tener así una opción más para los almuerzos a la vera del río cocinándolos hasta hacerlos “duros”.

De viandas y meriendas nos vamos a tener que conformar con fiambres secos salados Cbondiolas, salamines, jamón crudo, charqui, etcétera), y de postres con chocolates, turrones, frutas secas y, en general, todos aquellos alimentos con alto contenido calórico que no nos traigan problemas de conservación y transporte.

En cuanto a los condimentos, hay que llevar hasta 250 gramos entre sal, pimienta, pimentón, nuez moscada, hongos secos, morrón y cebolla deshidratada, queso de rallar, condimento para pescado (ácido cítrico desecado), etcétera.

Se usan para variar y enriquecer los sabores, y pueden almacenarse en los tubos de los rollos fotográficos.
El aceite, imprescindible para cocinar, puede llevarse en una de esas botellitas de agua mineral de 250 centímetros cúbicos, con tapa a rosca, o también en una botella especial fabricada por Cogblan ’s. (Una alternativa es emplear la botella más chica del calentador M SR).

DURMIENDO AFUERA

Para hacer un vivac (sin carpa), en los lugares no autorizados para acampar, es conveniente llevar, además de una buena bolsa de duvé o de relleno sintético, de tela impermeable y que no pese más de dos kilos, una manta térmica aislante que nos proteja de la lluvia y del rocío (de esas plateadas cuyo peso oscila en los 200 gramos) y una colchoneta liviana de foam para el piso. En caso de lluvia, la manta térmica nos servirá de improvisado sobretecho.

Es de muy buena práctica llevar en el chaleco una bolsa de vivac de aluminio, encendedor, botiquín mínimo, linterna, sobres químicos generadores de calor y algo de abrigo por si nos perdemos o accidentamos y tenemos que pasar la noche a la intemperie. Las bolsas de vivac (que pesan menos de 30 gramos y cuestan menos de cinco pesos) conservan el 90 % de la energía perdida por radiación y más del 80 % de la perdida por convección; suficiente para prevenir la tan peligrosa hipotermia. Si además disponemos dentro de la bolsa un par de sobres generadores de calor, tipo “hand warmer” o “body warmer”, una situación potencialmente peligrosa se convertirá en una aventura para contársela a nuestros amigos.

Lo FUNDAMENTAL

Los equipos de pesca, desde ya elementos prioritarios de nuestra salida, deben ser adecuados a la zona que vamos a recorrer.

Piense en todo el equipo que lleva temporada tras temporada y que no usa, y con todo el dolor del corazón déjelo en casa.
Dos cañas de cuatro tramos, una número cuatro y la otra seis, resultan apropiadas para casi todas las condiciones de pesca en nuestro sur. Es ideal usar el mismo reel con las dos cañas; uno tamaño cinco, con freno de discos y un par de carretes extra resulta perfecto.

Los waders deben ser livianos, tipo Red Hall, y pueden usarse con un pantalón de algodón frisado, que nos será útil afuera del agua en condiciones de frío. Los zapatos de vadeo no deben pesar, secos, más de un kilo, como los Red Ball Bantham Weight, Orvis Ultralight Wading Shoe o Hodgman de tela; una alternativa son las alpargatas con suela de yute que se calzan con medias de neopreno, aunque tropezar con una piedra en el río con este calzado no es una experiencia agradable.

Un buen chaleco de pesca es imprescindible para llevar todos los accesorios livianos y útiles: flotamoscas, leaders, alicates, pinzas quirúrgicas saca-anzuelos, cajas de moscas (de las más livianas), traje de agua, equipo de vivac, la vianda y, si usamos, el copo.

Con respecto a la ropa, valen las recomendaciones generales: no llevar más de la que se puede usar. Un solo buzo térmico sintético de “polar” es suficiente para todos los usos, y una buena campera para bajas temperaturas, impermeable y con capucha, nos alcanza y nos sobra.

Para dar una idea de la que puede hacerse con un poco de imaginación y sin renunciar al confort, podemos lograr, con una buena mochila, más todo el equipo de pesca (dos cañas), elementos de campamento y vivac completos, comida para 10 días, ollas y adicionales, un equipaje de 18 kilos. y si vamos con un acompañante con quien repartir el peso de la carpa, calentador, ollas y demás enseres de uso común, reducimos unos dos kilos; lo que se dice una mochila cómoda para llevar al hombro durante 10 o 20 kilómetros diarios.

Con este tipo de equipo y un poco de esfuerzo, uno puede hacer realidad el sueño de todo pescador: tener la libertad de recorrer los lugares más lejanos e inaccesibles y por lo tanto con menor presión de pesca, disfrutando de la naturaleza al máximo.
Algunas recomendaciones importantes: de los alimentos elija aquellos que dejen menos desechos no biodegradables y tengan mejor relación valor calórico/peso, y que permitan preparar la mayor variedad de comidas posible. Deje en casa todo el packaging que no sea imprescindible.

Recuerde que adentrarse solo y sin mucha experiencia en lugares desconocidos es un riesgo que no se debe correr. No haga fuego en lugares no autorizados, y donde esté permitido tenga siempre a mano una provisión de agua suficiente para apagarlo a tiempo. Entierre todos los desechos biodegradables y trate de transportar los que no lo son (sobre todo los plásticos y las pilas). Ante cualquier duda consulte al guardaparques o guardafauna de la zona, o a guías experimentados.

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