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Vincent C. Marinaro – 1912 – 1986

Por Andrés Álvarez

La región del valle de Cumberland, en el noreste de Estados Unidos, ha producido numerosos talentos en la pesca con mosca. Posiblemente por sus ríos, como el Letort, y posiblemente también por que en ese lugar se reunieran Marinaro, Charles Fox, Joe Brooks, o tuviera su negocio de pesca Ed Koch y Ed Shenk fuera su atador profesional en éste.
Cuando en los años cincuenta, Marinaro comienza a experimentar con una nueva clase de moscas secas, abre un nuevo camino hacia una categoría que hasta entonces nadie había considerado.
Las nuevas moscas, a diferencia de todo lo utilizado hasta ese momento, no provenían de la metamorfosis de un insecto acuático, sino que se trataba de insectos terrestres, que habían caído accidentalmente al agua; y que como luego consigna Charles K. Fox su compañero de pesca, a falta de toda otra denominación, Marinaro llamó terrestres.
Comenzó imitando pequeños escarabajos, el primero de los cuales es el bien conocido Jassid, una mosca que, al decir de Ed Koch, escapó a la mano de sus creadores.
Luego el Letort Beetle, las hormigas, las tucuras. Y tanto la forma de atado cuanto la denominación como Terrestres, habría de quedar definitivamente establecida con la publicación del artículo en Outdoor Life, a mediados de los sesenta, por Joe Brooks; ese señor que con su trucha y su sombrero, nos mira sonriente desde el afiche del Parque Nacional Los Alerces.
Seguramente, y por la difusión que le diera Brooks, los terrestres quedaron establecidos como una nueva serie de insectos a imitar y de moscas a utilizar. Pero más allá del talento de Marinaro para interpretar en términos de pesca y de atado, toda esa nueva serie de insectos, posiblemente ha sido también su eficacia, la clave de su éxito.
Desarrollar patrones de atado de insectos terrestres llevó a Marinaro a utilizar nuevas técnicas, sobre todo vinculadas con las proporciones diminutas de estos insectos, y la dificultad a ese momento, de contar con materiales adecuados.
Los anzuelos en esa época difícilmente se conseguían en tamaños menores a un 18 o un 20. La solución vino veinticinco años después con la serie de Partridge que lleva su nombre. Otra dificultad, el tamaño del hackle con que se conformaba el cuerpo de los escarabajos, y que obligaba a recortarlo por arriba y por abajo, dado que así como no había anzuelos, tampoco había plumas.
La utilización de terrestres, obligaba a concebir una nueva estrategia de pesca, pues no estamos pescando una eclosión sino insectos que han experimentado una caída catastrófica al agua, y que de haber podido elegir, seguramente no se hubieran arrojado a ella. De ese modo aconseja presentarlos, junto a la orilla, del lado que viene el viento, y procurando que exista una mata de pasto o un arbusto cerca, del cual razonablemente puedan haber caído.
Que las truchas comen estos insectos queda demostrado por el hecho de que quienes pescan con carnada los encarnan en sus anzuelos. Es más, los terrestres hasta aparecen como una derivación autoevidente de lo que cualquier pescador utilizaría como carnada. Es ahí, precisamente, donde aparece el genio de Marinaro, en concebir toda una nueva serie de moscas a partir de una idea tan simple. Koch cuando escribe con relación a las imitaciones de tucuras, relata que para él fue una consecuencia de haberlas utilizado como carnada, cuando pescaba el Letort, siendo niño.

Anzuelos
Ed Shenk recomienda el Mustad 7955G, un pequeño anzuelo dorado, de ojo volcado y punta trabada, ciertamente difícil de conseguir en nuestros días.
Marinaro hubiera especificado la serie que lleva su nombre, hecha por Partridge.
Nosotros, aun cuando no bajemos tanto el número, nos sentiríamos cómodos con un nº 20 de Mustad 94840 o Tiemco 100