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Pescando con ninfas

Por Marcelo Morales

En Argentina la pesca con ninfas es considerada por muchos aficionados a la pesca con mosca como algo tremendamente difícil y complicado, al punto que muchos la descartan totalmente insistiendo con streamers y wooly buggers. Estas moscas si bien efectivas muchas veces no sirven para tentar una trucha que se está alimentando con ninfas.

Es cierto que pescar una ninfa efectivamente implica vencer una serie de problemas, pero en general estos no están relacionados con el equipo o la técnica en sí, sino que dependen de la dedicación que le entreguemos al estudio de esta modalidad.

Es muy difícil obtener resultados consistentes en la pesca con ninfas sin un conocimiento importante del medio donde viven las truchas. Esto incluye saber leer las aguas y conocer los insectos que las habitan así como el comportamiento de estos insectos bajo el agua.

Día a día, con el creciente aumento de pescadores, las truchas se toman más cautelosas, luego de ser pinchadas y liberadas o de escapar milagrosamente de los que no practican la captura y liberación. De las malas experiencias descubren que comiendo cosas cada vez más chicas están relativamente a salvo y es por esto que en lugares muy pescados ya avanzada la temporada o afinamos mucho el equipo y achicamos las moscas o no sacaremos nada.
Más de uno recordará como las truchas comían por todos lados a su alrededor aparentemente inmunes a todos sus intentos.

En el boletin anterior Jorge Calandra comenzó con algo largamente esperado por muchos pescadores, un detallado estudio de nuestros insectos, en este caso los Plecópteros. Sinceramente recomiendo el estudio de esa nota pues en ella no solo se detalla la forma de vida y características de esos insectos, sino una serie de modelos para iniciar las experiencias de una manera racional. A partir de aquí cada pescador teniendo una guía de nuestros Plecopteros podrá ir experimentando con los modelos sugeridos o otros de su inventiva, pero sabiendo ciertamente qué es la que está imitando.

A veces cuando se escribe sobre ninfas pareciera que la mosca seca y los streamers requieren menos estudio y conocimientos.

Nada más lejos de la realidad. Lo que pasa que en las moscas secas vemos el pique y en los streamers la sentimos, y sólo esto, la detección del pique es un poco más fácil. Por la demás pescar realmente bien con secas y streamers es algo serio, ya no engañarse cuando sacamos algunas truchas tirando secas y Wooly Buggers a la bartola.

El potencial de esas dos modalidades usadas en el momento adecuado y conociendo a fondo el tema es igual que el de las ninfas.

Dentro de cualquier curso de agua las truchas tienen sus preferencias a la hora de alimentarse, y no sólo eso sino que entre ellas las truchas presentan diferentes gustos.

Así en un corto sector de un río tendremos truchas que comen solo pancoras, otras que rara vez suben a la superficie y patrullan el fondo en busca de ninfas, y muchas eligen la superficie donde el menú suele ser variado.

Estudiar como se mueven las truchas al comer cada tipo de organismo es muy importante ya que en pescas futuras si recordamos estos movimientos, al ver una trucha comer podemos predecir con bastante seguridad de qué se está alimentando aún sin verlo.

Mucho se ha escrito sobre el rise de una trucha en la superficie y sabemos que a determinada subida corresponde algún tipo de insecto. Debajo del agua sucede lo mismo, las truchas se mueven en formas diferentes para comer una páncora que para inhalar casi sin moverse una ninfa de Efemeróptero que deriva sin posibilidad de escape en la columna de agua.

El pescador de ninfas debe actuar cerca de los peces, por lo tanto es prioritario tener una idea clara de las capacidades visuales de las truchas y acorde con esto mantener un márgen de seguridad para ver sin ser descubiertos.

A diferencia de la mosca seca donde usualmente podemos mirar claramente a las truchas y lo que están comiendo, actuando con ninfas muchas veces tenemos que imaginar donde está la trucha y qué puede estar comiendo. Predecir esto acertadamente depende de conocimientos que hayamos incorporado en pasadas experiencias, conocirnientos que debidamente almacenados van formando una base de datos fundamentales para no actuar al azar, enemigo número 1 en la pesca con ninfas.

Todos comenzamos cambiando ninfa tras ninfa, utilizándolas como si fueran streamers, a la derivada, esto produce muchos fracasos mechados con alguna alegría que sólo sirve para esmascarar la situación. Al sacar algo todos piensan que con esto de las ninfas se saca poco y no se dan cuenta que están haciendo algo mal.

En mi caso durante mucho tiempo creí firmemente que las ninfas no eran el medio adecuado para tener muchos piques, hasta que me enfrenté a verdaderos pescadores de ninfas, que lanzaban poco prolijamente para nuestro gusto, no usaban el doble tirón y sacaban con ninfas cuanta trucha nadaba en el río.

Al darme cuenta que el burro era yo comenzé a devorar cuanto libro y artículo se me ponía a tiro, esto me dió una excelente base de todas las estrategias, técnicas y equipos existentes, pero lo más importante es que de golpe me convertí en un cazador de truchas, un predador sin ánimo de matar a la presa pero con la firme idea de usar todos los recursos disponibles para conocer a fondo al adversario y sus hábitos.

El primer paso para mejorar con las ninfas es olvidamos de tirar lejos, hay que dominar los lances cortos totalmente y sobre todo poder poner la mosca desde casi la punta de la caña hasta unos 15 metros en un círculo de unos 30 centímetros Como máximo.

A veces cuando veo probar cañas y la fruStración en las caras de loS que no tiran toda la línea pienso cuán equivocada Son las primeras lecciones que muchos reciben, donde sólo se trata de que tiren distancia.

Siendo guía de pesca diariamente me enfrento a magníficos lanzadores que no logran sacar una trucha pues no logran poner la mosca a menos de 2 metros del blanco en tiros cortos y medianos. Hay que practicar la puntería, de otra manera las ninfas y las secas nos estarán vedadas.
Retomando el tema, lo primero que tiene que hacer este pescador-cazador es conocer las diferentes estructuras de un río, la que llamamos leer las aguas.

Simplemente leer las aguas es poder predecir donde se ubicarán las truchas, o sea distinguir sus preferencias en cuanto a estructuras de agua particulares. En cada curso de agua las truchas tienen sus preferencias, que pueden variar de río en río.

Sin embargo hay un patrón básico que nos sirve de plataforma inicial en cualquier ambiente, ya este patrón la vamos formando reuniendo y recordando datos provenientes de diversas fuentes.

Como prefiero pescar ninfas en ríos, me perdonarán si no menciono los lagos. Estos son un tema amplio y escapan a las posibilidades de esta nota, los dejaremos para más adelante.

El primer paso para leer las aguas es poder diferenciar y reconocer en diferentes ríos las mismas estructuras, tales como: correderas bajas con fondos de piedras chicas, medianas o grandes; correderas de mayor profundidad con diversos fondos; pozones con sus cabeceras; colas y diferentes variantes; aguas chatas de variada profundidad y aguas con vegetación ya sea sumergida o cubriendo las orillas’ como los sauces y otros.

En cada río truchero del globo encontraremos repetidas una o muchas de estas estructuras y esto facilita la tarea de encontrar a las truchas una vez que sepamos en qué parte de cada estructura les gusta estar.

A lo largo de la temporada de pesca los diferentes niveles de agua hacen que una estructura se convierta en otra con la consiguiente migración de las truchas.

Nuestro objetivo es ir notando estos cambios para que en las siguientes temporadas con sólo mirar el nivel de las aguas podamos dar con el sitio adecuado.

Una vez que podemos distinguir y reconocer los diferentes tipos de aguas tenemos que determinar cuáles son los más elegidos por las truchas y no sólo cuáles sino qué parte de los mismos son ocupados realmente por las truchas. Aquí radica el secreto de por qué algunos pescadores sacan el mayor número de peces.

Estos saben que las truchas se concentran en un porcentaje muy pequeño de la superficie del río, y han descubierto exactamente donde se halla ese sector.

Los equipos modernos permiten largos lanzamientos sin mayor dificultad, y esto si bién es sumamente útil en ciertos tipos de pesca, no lo es pescando ninfas ya que nos tienta a tirar sin acercarnos lo suficiente.

Haciendo ésto nos perdemos de ver toda una serie de señales que podrían indicarnos claramente cómo pescar y pasamos a depender solamente de la fortuna.

Volviendo a los pequeños sectores ocupados por las truchas disponemos de varias formas para detectarlos. Obviamente la primera es la visión. Curiosamente gran parte de los animales de presa dependen bastante de este sentido para localizar a la víctima y elegir la estrategia para obtenerla.

Por supuesto que luego utilizan otras capacidades, pero la ubicación de la presa y el estudio de sus movimientos es fundamental para la captura.

Muchos pescadores fallan al no asumir realmente su papel como cazadores, no olvidemos que la trucha nunca se olvida de su rol de presa y mantiene todos sus sentido alerta. O sea que mientras el pescador descuidado se acerca al río sin mirar nada, ruidoso cual manada de búfalos y sin ocultar su figura -como si fuera invisible- está cometiendo un error fundamental que se paga con truchas en franca huída y magros resultados, achacados a la ineficacia de las ninfas o al poco apetito de las truchas.

La vista, el primer sentido que tenemos que entrenar, dándole todo el tiempo necesario, nos permite localizar muchos peces. No hace falta ver todas las truchas de un río para damos cuenta de su lugar preferido, solo con ver algunas y su modus operandi es suficiente para deducir el resto.

Toda ayuda para ver mejor es importante y decididamente ningún pescador, sobre todo de ninfas, puede pasar por alto los anteojos polarizados.

Este tipo de anteojos permite ver debajo de la superficie del agua eliminando casi totalmente los reflejos. Sin ellos es muy difícil ver a los peces o cuando lo hacemos ya es tarde.

Prefiero los de color ámbar o marrón que resaltan los verdes y otros colores facilitando la localización de las truchas. Es conveniente adquirir los de mejor calidad que nuestro bolsillo permita, ya que los tendremos puestos largas horas y cualquier aberración en sus lentes puede ocasionamos problemas en la vista y en el mejor de los casos un fuerte dolor de cabeza. Los buenos no solo polarizan la luz sino que bloquean todo tipo de radiaciones nocivas para los ojos.

Mirar un lugar comienza por un estudio a distancia, alejados de la orilla. Buscaremos sobre el agua signos de actividad de la truchas: una subida, salpicaduras, ondas, etc. Si la luz incide de manera adecuada, aún desde gran distancia lograremos descubrir a las truchas que se ubican cerca de la superficie, incluso las que están a media agua. Un pequeño binocular es de gran ayuda para este tipo de estudio.

Son muchos los casos en que lo observado de lejos nos indicará por dónde acercamos, ya veces lo que comen las truchas.

El segundo paso es un acercamiento mucho más cercano. En este momento entramos dentro de la zona de seguridad de las truchas y aquí pueden vernos o sentirnos fácilmente si actuamos incorrectamente.

Todos tienen alguna idea de la forma en que ven las truchas tanto dentro como fuera del agua. Se han escrito libros enteros sobre esto y los que han asistido a las charlas de Jorge Calandra sobre el tema se habrán dado cuenta que conocer el tema puede aumentar nuestras chances para engañar a las truchas.

Para los que no quieran indagar tan a fondo, basta con decir que cada trucha establece alrededor de ella una zona de seguridad ayudada por su vista y línea lateral capaz de detectar vibraciones anormales a su medio producidas por el pescador descuidado.

Penetrar esta zona alerta es posible si nos movemos lentamente, vestimos ropas que disimulen nuestra figura y caminamos sin producir ruidos. Sólo hay que usar el sentido común.

Mirar de cerca las truchas sin ser vistos permite descubrir qué están comiendo. A veces podemos ver claramente los insectos, aún ninfas sumergidas, y es muy pero muy importante ver cómo se comportan los peces a tomarlas. Cada tipo de ninfa es tomado de forma diferente y con cierta flexibilidad (por supuesto) podemos establecer patrones generales de movimientos de las truchas al comer distintos tipos de ninfas. En pescas futuras recordando cómo se mueven las truchas al comer podemos acertar bastante el tipo de ninfa adecuado.

Nuestros ríos ofrecen cientos de lugares donde ver las truchas es sumamente fácil, hoy todavía me asombro al pensar como durante mis primeros años de pescador de mosca no veía ni una. Evidentemente no es un problema de agudeza visual ya que antes tenía vista de halcón y ahora voy camino a los aumentos.

Lo cierto es que cuando mi frenesí por tirar lejos cualquier mosca al agua se calmó un poco, posiblemente porque la pesca fué tornándose difícil, comenzé a mirar a fondo abriéndose ante mí un panorama totalmente diferente, donde ya la trucha no viene misteriosamente sino que es elegida, estudiada y engañada usando la información que ella misma ofrece.

Grandes pescadores del pasado como Skues y Sawyer se dieron cuenta que la dieta de las truchas se compone mayormente de ninfas, y esto sigue siendo tan válido hoy como entonces.

Dentro de lo que llamamos ninfas hallamos muchos tipos de insectos que pasan parte o toda su vida en las aguas.

Un conocimiento de los insectos que habitan nuestros ríos es fundamental. No es necesario saber los nombres científicos, aunque ésto en mi caso es un atractivo más a los ya muchos de la pesca con mosca. Lo que sí debemos saber al menos es diferenciar una larva o pupa de caddis (Tricópteros), de una ninfa de stonefly (Plecópteros), o de una de mayfly (Efemerópteros), o de un crustáceo, para lo cual tenemos que ir a los libros. Cada uno de estos tipos de insectos está representado en nuestras aguas por diferentes familias, e hilando más fino podemos dentro de cada familia distinguir diversos géneros con sus diferentes especies.

A los fines prácticos de la pesca con ninfas usualmente no es necesario ir más allá de las familias pues entre ellas las diferencias morfológicas sí son importantes. Los géneros y especies a veces son muy parecidos, dentro de cada familia.

Cada familia de insectos en su estado de larvas o ninfas se mueven en su medio y eclosionan de manera diferentes, produciendo movimientos distintos y predecibles en las truchas al comerlas.

En mosca seca se ha estudiado y determinado con bastante certeza, que a ciertos insectos flotantes corresponde un tipo de rise o su bida peculiar. Ver Boletín Mosquero primavera 95 donde se trata ampliamente el tema. Con ninfas sucede lo mismo. Para cada tipo de la ninfa la trucha se comporta bajo el agua de una manera especial. Si comenzamos a mirar lo que pasa bajo el agua con detenimiento empezaremos a diferenciar las distintas formas de comer de las truchas ante cada tipo de insecto. Ver las truchas conlleva un poco de paciencia, pero una vez que comenzamos a descubrir algunas, nuestro ojo se va acostumbrando siendo cada vez más fácil localizarlas. Al mismo tiempo hay que tomar en cuenta qué insectos las rodean y como reaccionan al comerlos. Todo esto hay que irlo fijando
para el futuro. Con el tiempo, con sólo ver como se mueven ya qué profundidad, podremos determinar con alto grado de certeza que tipo de ninfa tenemos que usar y como. Hay veces que no podemos ver a las truchas y la única forma de localizarlas es pescando. Buscaremos aguas similares a las que en el pasado dieron resultados y usaremos ninfas que imiten las presentes en el lugar. No hay que cambiar de ninfa hasta agotar todas las posibilidades de uso de la misma. Me refiero a pescara diferentes niveles y con distintos tipos de derivas naturales.

Con cada ninfa nueva repetiremos el proceso hasta dar en el clavo. Algunos tiros en lugares que a nuestro juicio no valen la pena son necesarios para lograr un conocimiento acabado de cada lugar. Como la pesca no es una ciencia exacta, no siempre todo sale como en los libros, y de esta forma se descubren apostaderos de truchas en lugares insólitos.

Una forma de saltar escalones rápidamente en el conocimiento de un lugar es contratar un guía competente. Una vez hecho ésto, en lugar de pescar simplemente, hay que tratar de absorber los conocimientos del guía, que le han tomado cientos de horas en el río. Tenemos que preguntar Como en la escuela, y casi todos los buenos guías estarán encantados de compartir sus descubrimientos y teorías. De nosotros depende aprovechar al máximo esto de manera que al volver hayan incorporado un sinnúmero de técnicas y estrategias nuevas. Toda la información de pescadores locales es importante, y puede llevamos a buen puerto. Como vemos la pesca con ninfas no es solamente atar una Montana al leader, o una Bitch Creek y barrer el río. Hacer lo bien depende de una estrategia, que incluye conocer profundamente las aguas, y sus habitantes, así como sus modos a lo largo de la temporada.

Este pantallazo preliminar sobre algunos temas que considero muy importantes para el pescador de ninfas lo iremos ampliando en las próximas ediciones, donde trataremos a fondo todos los temas que les permitirán pescar ninfas con seguridad.

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