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Líneas cruzadas 4

Buenos Aires, 20 de agosto de 1991
Sres. AAPM/Boletín
Les escribo para comunicarles la preocupación que me causan (y creo que deben causarle a la AAPM) ciertas afirmaciones publicadas en “Un libro de pesca. La mosca por Benito Pérez, Ed. B.P., Mendoza, 1990.
En mi charla del día 11 de julio pasado en la AAPM critiqué algunos aspectos de dicho libro. en esta carta me limitaré a señalar un solo conjunto de errores encadenados que me parecen particularmente graves, ya que mis demás críticas pertenecen al ámbito de las meras opiniones y preferencias. Destaco el término error puesto que, tanto por buena educación como por respeto a quien ha hecho un esfuerzo como el del Sr. Pérez al escribir este libro, estoy totalmente seguro de que se trata de errores -si bien gruesos errores- cometidos con la mejor de las intenciones.
En la pág. 87 del libro mencionado, el Sr. Pérez afirma que, dado que “la ley natural es que haya una transferencia de energía de solo el DIEZ POR CIENTO entre un nivel trófico y otro” (mayúsculas del autor) (…) si se va aumentando el número de pescadores (…) se llega a un punto de inflexión que es el indicado diez por ciento, no se puede extraer más de esa cuota (…) (mayúsculas del autor).
El Sr. Perez cita como fuente de la afirmación sobre la transferencia de energía a José P. Mestre Arceredillo; “Ecología acuática”, en Roll Cast, AAPM, Año I, N 1, Invierno de 1987. Este último observa, como parte de la descripción simplificada e introductoria de ecosistemas acuáticos, que sólo el 10% de la productividad pasa de un nivel trófico a otro.
Ello, más que obviamente, no incluye a un pescador ni de mosca ni de ninguna otra clase, a menos que se esté dispuesto a considerar la extravagante hipótesis de que los ecosistemas no pueden ser modificados por el hombre, o de que el grafito, los tippets 6X, los lentes polarizados o los hackles producidos a partir de hibridaciones y selección artificial obedecen a las reglas de comportamiento de la transferencia de productividad entre niveles tróficos. De su error inicial, el Sr. Pérez extrae una propuesta también errónea, pero además peligrosa para la pesca con mosca y absolutamente opuesta a las posiciones y esfuerzos de la AAPM, en tanto (op. cit. pág. 88) afirma que en la Argentina se trata de “sobreproteger absurdamente (a) los salmónidos” (paréntesis mío, en el original falta la preposición). A menos que todos los que manejan ríos, tanto en la Argentina como en los países con más científicos dedicados al tema estén equivocados (Trout Unlimited, todas las Wildlife Agencies de U.S.A., etc.), la presión de pesca puede terminar con el 10%, el 20% y el 100% de los salmónidos, incluso cuando se la limita al uso de equipos de mosca y moscas (vale la repetición). Mi profesión no me confiere autoridad para desmentir a las instituciones aludidas, pero -leyendo el curriculum del Sr. Pérez, detallado en el libro en cuestión- no creo que los conocimientos del Sr. Pérez se la confieran.
En todo caso, cualquier buen pescador de mosca sabe cuánto se puede sacar de un pool y cuánto se ha sacado de algunos ríos, y cuán poco queda. y cualquiera que haya pescado el Traful arriba o el Malleo arriba, en los que el “catch and release” es obligatorio, sabe que cada año son mejores. Por otra parte, como ya insinué, el solo sentido común indica que el hombre, con todos los elementos que provee la industria actual de equipos de pesca con mosca (ni hablar de otros métodos) no puede ser incluido en una ley de transferencia entre niveles tróficos.
Por último, quiero señalar que el Sr. Perez teme que los salmónidos, a los que considera un elemento “perturbador” (op. cit., pág.
88) puedan provocar la desaparición de “especies nativas valiosísimas, como cangrejos, bagres, puyenes, insectos acuáticos, aves, plantas, etc.”. En primer lugar, me pregunto ¿qué contiene el “etc.”; quizás después de acabar con las plantas las truchas arrasarán a los árboles, y luego a los herbívoros y otros vertebrados superiores? En segundo lugar, aunque la discusión sobre las truchas “foráneas” o “perturbadoras” se va volviendo aburrida, recuerdo que con el mismo criterio habría que considerar perturbadores a la mayor parte de los grandes mamíferos “foráneos” (tales como los caballos, cerdos, vacas y ovejas), de los árboles “foráneos” (la gran mayoría de los que hoy crecen en la pampa húmeda) e incluso a buena parte de la cosecha fina y gruesa “foránea” (como el trigo y la soja). En tercer lugar, la trucha marrón es tan “perturbadora” en Argentina como en USA, en Australia o en Nueva Zelandia, países en los que se la “sobreprotege”. Lo mismo vale para la arco iris, que es “perturbadora” en todos los países mencionados, inclusive en gran parte de USA, ya que es oriunda de algunos ríos de la zona de la costa Oeste, y es tan “perturbadora en el Madison o en los ríos de los Catsklls como en el Chimehuín.
Insisto en que confío totalmente en la buena intención del Sr. Pérez. No obstante, también insisto en que, dados los objetivos estatutarios de la AAPM, su posición y sus esfuerzos para proteger a los salmónidos en un ambiente a menudo hostil, se conteste en el Boletín a propuestas y argumentos que, como los del Sr. Pérez, perjudican -aún sin intención- a la pesca con mosca (y a toda otra forma de pesca deportiva) de truchas.
Los saludo cordialmente.
Hugo Nochteff

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