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La pesca con mosca

POR JORGE DONOVAN

La pesca con caña, a fines de proveer alimentos, data de cerca de 4000 años antes de Cristo, según pinturas chinas, donde describen la pesca con caña y con un hilo de seda. Hay pinturas, en el museo de Tokio, donde se puede apreciar una caña con un reel sujeto sobre la misma. La pesca con mosca, tal como la conocemos hoy, es mucho más reciente.
La primera descripción la hace Claudio Aelianus nacido en el siglo II y autor del De Natura Animalium, trabajo de zoología, aparecido en el siglo III. Su contribución a la pesca con mosca es nula, si no tuviera un valor histórico literario, su disertación De peculari quadam piscato indu Macedonia, en la que describe por primera vez, la pesca de truchas con mosca, en el río por él denominado Astraeus, que corre entre las ciudades de Beroea y Thesalónica en la antigua Macedonia. Despues de él, aparecen cantidad de libros y tratados sobre pesca con mosca, pero lo cierto es que recién a fines del siglo pasado, hombres como Halford, Skues, Jenkins en Inglaterra y los americanos Theodoro Gordon, Hewitt, La Branche, para sólo nombrar algunos, desarrollan las bases de la pesca con mosca moderna.
La pesca con mosca, consiste en arrojar un señuelo liviano con una línea pesada. ¿Por qué complicarnos la vida, si es mucho más sencillo lo opuesto? la diferencia está en que, los señuelos pesados son fáciles de arrojar y en general tienen acción propia, la mosca no tiene acción o la tienen en forma muy moderada las moscas muy grandes, tipo streamers y bucktails modernos, el resto de ellas, ya sean moscas secas, húmedas o ninfas, imitan lnsectos en sus distintas etapas de vida y hasta después de muertos, la mayoría de ellos se mueven imperceptiblemente o no se mueven, a veces lo hacen en forma muy peculiar que demanda maestría para imitarlos. Lo cierto es que presentar una mosca para que la trucha se engañe y la muerda exige del pescador dedicación, concentración y finura.
Todo esto significa aprender. No simplemente revolear una mosca y esperar que el pez se prenda.
El río no se rastrea, sino que se lee, lo que significa aprender donde están los peces. Para aclarar el concepto, les narraré un hecho acontecido en un río de Alaska. El agua estaba anormalmente baja, la mayoría de los peces (salvo salmones desovando, de la variedad Sokeye, que no interesan en esta etapa para la pesca deportiva) se escondían en los pocos lugares seguros del río o habían emigrado al lago. A medida que nos acercábamos a la desembocadura, se hacía cada vez más difícil lograr un pique. El río, de pronto se encuentra con una isla, se forman dos brazos, uno ancho y chato, otro angosto. Cerca de la orilla se forma una violenta, aunque pequeñísima correntada, que termina en diminuto pozón profundo. Verlo y dirigirnos a él fue todo uno; se obtuvieron varias piezas. El guía, muy interesado, preguntó si habíamos visto los peces antes de intentar la pesca.
La respuesta era obvia. El lugar ofrecía mucho oxígeno, abundante comida, y protección adecuada en las profundidades del pozón.
Nada es comparable a remontar, vadeando, un rifle (*) (que es un trecho de agua poco profunda, salpicada de rocas, que sobresalen o no del agua, produciendo bolsillos, donde los peces encuentran sus lugares protegidos, para esperar que el río les traiga su almuerzo). Pescando una ninfa río arriba, o tal vez una mosca seca, si es que vemos movimientos en el agua, en este caso la lectura del río se facilita, en aquel hay que poner los cinco sentidos en la maniobra, primero para detectar el lugar del pez, luego donde colocar la mosca o la ninfa, y por fin detectar cuando el pez toma. Para el primer paso, hay que pensar como. iiiuna trucha!!!, donde gastar menos energía y obtener el máximo de alimento. En el segundo, colocar la mosca de tal modo que nuestra mosca navegue exactamente sobre la trucha, pero dándole tiempo a que la vea. En el tercero, con mosca seca es sencillo, con ninfa aconsejo usar un indicador.
Todo lo relatado, hace que pescar con mosca, no sea un deporte pasivo. Si bien no demanda grandes esfuerzos físicos, sí nos exige afinar nuestros sentidos, no sólo para arrojar la mosca, sino para detectar donde se encuentran los peces. Al mismo tiempo saber si están comiendo a media agua o ninfas eclosionando o insectos maduros para el vuelo nupcial o, ya realizado este, nuevamente en el río, a poner los huevos que darán vida a otra generación, luego la muerte del insecto, que sigue siendo alimento preferido de las truchas. Claro que usando moscas grandes que imitan a peces, cangrejos, u otros organismos, que habitan las aguas de ríos o lagos y aun el mar, la pesca con mosca se simplifica, ya no demanda conocimientos especiales. Para mi, pierde gran parte de su atractivo.
Reconozco que hay lugares, como el río Grande de Tierra del Fuego, donde la pesca con este tipo de señuelos es esencial, así como pescando tarariras y dorados.
Por lo expresado, parecería que la pesca con mosca es un arte muy difícil de alcanzar. Personalmente no lo denomino arte, es más bien una adicción, que en pocas horas puede convertirlo a Ud. en adicto por vida.
Resumiendo, pescar con mosca es un desafío para gente inteligente, sensitiva, que disfruta viviendo en contacto con la naturaleza. El buen pescador de mosca se realiza plenamente cuando luego de prender y vencer a un pez, por grande que este sea, siente el placer de devolverlo al agua lastimándolo lo menos posible y lo despide con estas palabras: doy gracias por haberte conocido, espero que vivas muchos años y produzcas progenie dignas de tu noble estirpe.
(*) Término en inglés sin traducción apropiada.

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