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La función de los sentidos en los salmónidos

POR ALBERTO E. TEXIER

Un ensayo sobre la visión y otras facultades sensoriales, que condicionan la conducta de los peces.

El hecho de ser medico oftalmólogo, neuroftalmólogo y pescador con mosca, ha sido la razón por la que siempre me ha interesado saber más sobre el sentido de la visión, en truchas y salmones. Hasta hoy, lo que había llegado a mí , estaba relacionado principalmente, con la famosa “ventana” visual de los salmónidos, y la generalizada aceptación de que poreen visión de los colores.

Mi intención al encarar este ensayo, es actualizar, y también estimular la curiosidad del lector sobre antecedentes evolutivos de actos tan especializados como la percepción de la forma y el movimiento -no sólo del color- la visión binocular, el campo visual, y la interrelación con otros sentidos tanto o más importantes,Y que hacen a la conducta de los Salmónidos, en su habitat natural. y yendo más allá, aportarelernentos de juicio que aclaren dudas, y eventualmente abran camino para una mejor comprensión de estos fenómenos.
Por lo tanto, dividiré este artículo en dos partes. La primera referida a generalidades con interés para el pescador o simple observador de la naturaleza que nos rodea; la segunda específicamente relacionada con la función visual de truchas y salmones.
En todo, trataré de hacerlo lo más claro posible, de tal manera, que aún sin una formación científica previa, pueda ser inteligible para todos.

La aparición de la visión en las especies y el desarrollo de los órganos visuales.
Todavía no se sabe cuando, en la evolución ,la percepción de estímulos luminosos pasó a ser una sensación consciente. La reacción de algunos organismos a la luz, no significa necesariamente una forma de visión.
En algún momento se creyó que los cambios de color corporal de algunos seres, estaba ligada a su capacidad de reconocerlos visualmente, y se ha demostrado que no es necesariamente así. Un lagarto del desierto, al elevarse la temperatura diurna, empalidece su color, mimetizándose con el suelo desértico y esto ocurre por mediación de receptores térmicos.
Un sapo europeo (Hyla arbórea), al contactar sus patas con una superficie rugosa (corteza de árbol) se torna marrón, y vuelve al color verde al pisar el pasto circundante. Aquí intervienen receptores táctiles.
Lo que s( está en claro, actualmente, es que la esencial y primaria función de la visión ha sido el control preciso del movimiento, para obtener un ambiente óptico, con la mayor eficiencia posible (eludir obstáculos, perseguir presas, huir de enemigos…).
Por lo tanto, los ojos se encuentran casi exclusivamente en animales de actividad motora constante degenerando en aquellos de hábitos sedentarios o con tendencia a la inmovilidad.

Siendo así, no hay duda que los Salmónidos, con antepasados de 100.000.000 de años de antigüedad y con la actividad motora que desarrollan, poseen ojos altamente diferenciados anatómicamente, incluyendo visión cromática, condicionantes, aunque no en forma predominante, de su conducta. Es la interacción con otros sentidos, lo condicionante, como, por ejemplo, el papel del olfato de estos peces anádromos (que desovan en los ríos, y viven y crecen en el mar), que les permite orientarse hacia su río originario, sin equivocarse, a través de los siglos.

El ojo de los salmónidos

Anatómicamente, el ojo de truchas y salmones, es bastante parecido al de los primates (Fig. 1), y posee los requerimientos para una buena percepción de la forma y el color. Su sistema óptico para el enfoque de la i magen depende esencialmente de la lente o cristalino, esférico en este caso, y de gran poder de refracción, y que a diferencia de los primates, que recurren a una modificación de su forma para enfocar. estos peces lo hacen proyectando hacia adelante o atrás el cristalino, con lo cual obtienen similar resultado.

FIG. 2: Campos de visibn binocular, de un animal depredado (liebre), a la izquierda, y de un depredador (gato), a la derecha. Nótese la diferencia de tamaño de las áreas unioculares y binoculares, acordes con las necesidades de supervivencia. (de Duke-Elder. “The Eye in Evolution”).

Se ha creído siempre que estos peces eran miopes, pero, parece no ser así, dado que en un medio acuoso se comportan como normales. No obstante, habitualmente están focalizando el medio circundante cercano, y si algo más distante les llama la atención, retroceden su cristalino, adaptándose a una visión lejana. La retina, membrana sensible, receptora de los estímulos visuales, posee las mismas diez capas celulares que; la retina humana. con células para la visión diurna (conos) y para la visión nocturna (bastones) con una zona central de mayor concentración de conos, donde prevalece una mayor discriminación visual, determinante del eje orientador del ojo hacia lo que llama su atención, y a su vez posturalmente. del pez en su ambiente. Anatómica e histológicamente ésto habla de buena agudeza visual y buena visión cromática. hechos también confirmados experimentalménte.

Percepción de la forma: el mecanismo, ya mencionado, de desplazamiento del cristalino, hacia atrás o adelante, permi¡e con eficacia la focalización de las imágenes en la retina, con buena definición perceptual. Comparando con un aparato fotográfico, el avance o retroceso del objetivo, permite el correcto enfoque en la película (retina).

Percepción del movimiento:

función muy importante para su supervivencia, ya sea para conseguir su sustento, o para huir de sus enemigos. Boulet, en 1953-54, demostró que la pesca, cuando una esfera era movida a una velocidad constante de 12° angulares, por segundo, respondía con actividad motora de medio cuerpo; entre 14° y 26° angulares, respondfa todo el pez, y moviendo la esfera a más de 78° de velocidad angular, no se obten (a respuesta ninguna, y probablemente no era percibida. Comparando con el hombre, los resultados son pobres, pero el medio es distinto, y otras experimentaciones anteriores (Beebe 1934) mostraban que un hombre parado inmóvil en el fondo del océano, atraía la atención de los peces, pasando desapercibido si se dejara derivar por la corriente, con ritmo similar al movimiento de las algas que lo rodeaban. Interesante observación, para el pescador, respecto a la movilidad de la mosca que utiliza.

FIG. 3: Areas de visión binocular y zonas ciegas, en peces de ubicación sagital (izq.), y de fondo (der.). (de Duke-Elder. “The Eye in Evolution”).

Percepción del color:

ha sido motivo de mucho estudio y experimentación. Aparentemente los
peces de éste tipo, perciben un espectro cromático muy similar al del hombre, más extendido hacia la zona ultravioleta, y se cree que cuando existe una relación comida-color, la discriminación de los tonos se hace más notable y la respuesta más constante. También tiene que ver como mediadora (la visión cromática) en las modificaciones del color del cuerpo, acorde con el ambiente. Me arriesgo a pensar que el color del dorso de la trucha marrón, y quizá la Fontinalis, estaría dado por su ubicación más cerca del fondo del río, con el que se confunde, y la arco iris a su posición más de aguas intermedias o superficiales, al color del agua en movimiento. Esta facultad de percepción cromática está relacionada también con la reproducción; conocemos las variaciones de color de los salmones en esas épocas, y se ha demostrado, que en algunas especies, las hembras reconocen a su pareja por las variaciones del tono del color de sus cabezas, distintos en cada individuo.

Lo que no está claro, es hasta donde este reconocimiento del color, es determinante de la conducta, con respecto a otras funciones visuales.
Experiencias recientes parecen indicar que ocupa un lugar intermedio entre la percepción de la luz y la forma.

Percepción del espacio circundante:

un tema del mayor interés. Tiene que ver con la visión binocular, y ja famosa “ventana” visual de los salmónidos. Dada la posición de los ojos de estos peces, no se tenía precisión sobre que extensión tenía el campo de visión binocular, ni para que lado se extendía más. Tratando d

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