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Por Javier Alurralde

Quiero retomar un viejo tema ya debatido en la Asociación pero no por esto menos actual, a punto tal que es un tópico de amplio de-sarrollo en el Curso de Iniciación de Pesca con Mosca que la AAPM brinda en forma habitual durante todo el año en nuestra sede.
La cuestión radica en la captura y devolución, y en la mejor manera de manejar el pez con el fin de restituirlo a su medio sin causarle daño.
Sabemos que el exceso de tiempo fuera del agua puede causarle consecuencias indeseables y en el corto lapso (Ver Boletín Mosquero Nº 47 -Invierno de 2002- Nota de Marcos Juan Czerwinski., donde se detalla extensamente la importancia de la devolución y los cuidados a tener en cuenta para ello); un aspecto que siempre debemos tener presente con nuestras capturas.
Resulta por demás ilustrativa e interesante rescatar la nota de la Comisión Directiva de la AAPM que obra en Boletín Mosquero de Verano 96/97, página 9, la que menciona un interesante estudio combinando entre el plazo de lucha y el de devolución del pez, con una estadística de supervivencia en función de la exposición del pez al aire por 60 segundos, en condiciones de stress, en cuyo caso se arriba a tasas de mortalidad del orden del 72%, tasa que se reduce exponencialmente si el pez no es expuesto al aire innecesariamente (También en The Art and Science of Fly Fishing por Lenox Dick, pág.123 y sig.)

Las notas antes mencionadas hacen especial hincapié en no manosear innecesariamente al pez, y menos aún con manos secas, pues pierde su mucus protector y con ello se abre la puerta a indeseables infecciones, que no sólo afectan a ese pez sino que éste puede contagiar a otros.
También destacan la importancia de evitar el exceso de stress que causa una larga lucha, pues ello incide negativamente en el índice de supervivencia, y por ese motivo soy poco proclive a utilizar equipos demasiado livianos para grandes peces, una moda que creo que ha pasado ya, y espero no se repita.
Aprecio un buen pez y lo disfruto pero, salvo que resulte extremadamente bueno, intento restituirlo al medio lo más rápidamente posible evitando acudir a sistemas de medición o de peso pues, a mi modo de ver, alargan innecesariamente el tiempo de exposición al aire y la devolución, pudiendo comprometer el éxito de esta última.
Pienso que todos estos métodos son una suerte de artilugio, más o menos complejos, para saber cuánto pesaba o medía aproximadamente el pez, pero no tienen otra finalidad práctica que su disfrute por el pescador como un pequeño componente de lucimiento, el que se nutre mediante la exhibición del trofeo, aspecto que deberíamos reducir al mínimo, como dije antes, sólo cuando el pez es excepcional.
No es malo tener ego y lo tengo por cierto, mas me cuestiono hasta dónde este disfrute a través de la admiración de terceros no pone en peligro la supervivencia de otro ser, vida que nos hemos empeñado en conservar.
Seguramente, si la pieza es de cierto interés, se la somete a un tiempo extra de oxígeno puro proveniente de la atmósfera, en tanto que es habitual que se comience a posar con él para obtener una foto que perpetúe y certifique el momento.
Y el tema de la fotografía es clave a mi modesto entender, puesto que pienso que la combinación entre pez y cámara en manos inexpertas son una eficiente manera de comprometer la devolución.
No reniego de las fotos pues también me gustan y siempre es lindo atesorar un buen recuerdo, pero en tal caso obtengamos la foto de manera eficiente y sin comprometer la vida del animal.
Basta hojear muchas revistas de pesca modernas para advertir que existe un fuerte tendencia a no sacar el pez de su medio natural, que es el método ideal, pero de no ser así, si queremos sacarlo de su medio para obtener el retrato, debemos previamente preparar la fotografía con el pez en el agua, y no al revés como muchas veces ocurre.
Y sólo cuando nuestro compañero fotógrafo nos avisa que tiene listo el foco, la luz, arreglada nuestra ropa y el fondo en forma correcta, recién allí levantamos levemente al pez para obtener una sucesión de rápidas fotos en un breve plazo, e inmediatamente volverlo al agua en el menor lapso posible.
Es que resulta bastante común que, inadvertidamente por efecto de la emoción, se pierde la noción del tiempo y no es raro observar a un pescador avezado incurriendo en el involuntario error de pasearse abrazado al pez mientras su bien intencionado amigo le pide que cambie de ángulo, se saque su sombrero, tire sus anteojos, etc.
Estoy convencido de que debemos aprender a respetar la vida del pez y dejar de lado algo, un poco nada más, de nuestro ego y pensar que la restitución debe ser perfecta, o lo más aproximado a ello que resulte posible, y que para eso debemos pensar antes para obrar durante, caso contrario estaremos en peligro de pagar un precio muy elevado, un riesgo que no me parece que debamos correr.-

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