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El salmón del Pacífico bien vale un esfuerzo

La pesca en la Patagonia, presenta siempre características espectaculares, sea por la inmensidad y belleza de los paisajes, en especial para los que vivimos en centros urbanos como Buenos Aires, o por el porte y belleza de las piezas que podemos obtener.

Si el pescador con mosca reniega de algunas comodidades a alas cuales parece estar acostumbrado, tendrá por recompensa segura la captura de ejemplares que darán por bien pago todos los sacrificios sufridos.

Este es el relato de mi experiencia en el sur de Chile en el mes de marzo de 1997, en ocasión de mi encuentro con los salmones del Pacífico.

Corría el mes de febrero, cuando me llamo desde Comodoro Rivadavia mi amigo y compañero de pesca Javier Mosquera quien como todos los años me invitaba a pasar unos días de pesca.

Como es su costumbre, no me adelantó nada más, pues disfruta maliciosamente de mi ansiedad por conocer más detalles de las excursiones de pesca y esta vez la excepción fue que antes de despedirse me aconsejó que echara mano de mi bieja y querida Fenwich HMG #7 y no olvidara la caja de moscas grandes, reconozco que me sentí verdaderamente ansioso por saber el lugar de destino.

A mediados del mes de marzo volé a Comodoro Rivadavia, donde llegué luego de un viaje de dos horas. Allí me estaba esperando mi anfitrión, quien persistía
en ocultarme el lugar de pesca. Solamente iba dejándome saber poco a poco algunas cosas.
Me pude enterar entonces que iríamos a Chile, a un lugar de dificil acceso pero prometedor en cuanto a las expectativas de pesca que encerraba.
Al otro día, muy temprano, emprendimos el viaje junto al padre de Javier, don Tito, quien no pierde ocasión para escaparse con nosotros cada vez que salimos de pesca.
El viaje, según nuestras estimulaciones, duraría unas 7 horas. Tomamos la ruta 3 hacia el sur, en dirección a Caleta Olivia, desde allí a Pico Truncado, en donde empalmamos con la ruta provincial n° 520, en dirección a General Las Heras.
Ya en el trayecto y a fuerza de ser cargoso, vencí la resistencia de mi amigo y pude conocer efectivamente a donde nos dirigíamos. El dato lo había obtenido el año anterior cuando en ocasión de su trabajo viajó a Chile y visitó la estancia de Don Rojas, un viejo conocido, que posee varios cientos de hectáreas cortadas a la mitad por un río . Entre mates y anécdotas campestres, Don Rojas le relató que todos los años, hacia el mes de marzo, y antes de que comenzara el invierno se ven en el rio “…unos pescados colorados grandotes con la trompa en forma de pico que van y vienen durante varios días, para después desaparecer…”

Javier trató ávidamente de obtener más precisiones, respecto de fecha exacta, tamaño, cantidad pero don Rojas, a quien la pesca nunca le interesó, le dijo que se dejara de embromar y que el año entrante lo fuera a visitar para esa época y que él personalmente le mostraría el lugar en donde se encuentran.
Entre relatos entrecortados por anécdotas de pesca en pocas horas llegamos a Los Antiguos, una población que años atrás fue castigada por las cenizas volcánicas del Hudson, y que luego de cargar combustible, nos viera partir rumbo a la frontera con Chile.
Cruzar a Chile supone un pequeño trámite adminsitrativo pero la diferencia s enota enseguida, los caminos son francamente terribles, no están señalizados, el ripio parece un sempradío de piedras puestas de punta exactamente en el lugar donde más le duele al vehículo y a nustros riñones…

Faltand alrededor de 150km para llegar a destino, la cuestión se puso verdaderamente dificil, comenzamos con un camino de faldeo cada vez más empinado y requerimos de todos los ocho cilindros y los 215 HP que impulsan a la Dodge RAM 1500 que nos transportaba.
En la medida en que nos desviábamos del camino principal hacía más dificil y lento. Utilizando la tracción integral y en baja accedimos por fin a la tranquera de entrada. Habian pasado desde nuestra partida´en Comodoro Rivadavia más de 8 horas. Nos recibió Don Rojas, con una alegría que denotaba la falta de visitas por esos lares. Luego de unos infaltables mates, fuimos conducidos a un frondoso monte a pocos metros del río, en el cual acampamos cómodamente.

Al otro día muy temprano, fuimos despertados por Rojas quien previo a su partida hacia el pueblo nos quería conducir hasta el lugar en el que estaban los salmones. Caminamos a través del campo, alrededor de una hora y llegamos a un sector del río, bastante angosto, con orillas barrancosas y poca profundidad, no más de 1,5 m en su parte más profunda en esa época, recordmeos que estábamos en marzo, el caudal de agua no era demasiado fuerte, pero con seguridad en la primavera el río baja “blanco” por la fuerza del agua.

El río es de apariencia verdaderamente espectacular a los ojos de un pescador, presenta curvas y contracurvas que dan lugar a profunods y verdes pozones. Sobre una de las costas los sauces lloran todo el veril pero el ancho del río nos da la oportunidad de castear desde la mitad del cauce y buscar a los peces que por lo general encontrarnos ubicados bajo las ramas.

En uno de esos codos del río, donde la curva formada era bastante cerrada, se forma un pozón muy profundo alimentado por una corredera que baja con fuerza y luego de varios remolinos dejaba descansar las aguas en la parte inferior del río.

Estabamos bastante ansioso por ver a esos “peces colorados” que presumíamos eran salmones, Don Rojas se paró en una piedra, miró por unos instantes el río y luego sentenció despreocupado: Allá están!, Dónde? preguntamos al unísono, Ahí en esa zona más playa del pozo, respondió señalando con una mano un lugar a escasos veinte metros.

Luego de unos minutos de observaci6n (nosotros estábamos a nivel del agua y ello nos dificultó la observaci6n pese a que ambos utilizamos polarizados de los buenos) logramos verlos, allí estaban, eran siete u ocho salmones ya de color bastante rojizo/negro que se movían despreocupadamente de un lado a otro del pozón, subiendo casi cansinamente a explorar la superficie, para luego descender hasta unos dos metros de profundidad.

Sólo aquél que es pescador y ama este deporte sabe de la emoción (desesperación?) que produce ver tan espléndidos ejemplares moverse con tanta elegancia y docilidad en el agua, sabiéndose los amos del río.
Luego de una breve despedida a nuestro anfitrión, a quien el espectáculo no lo conmovía, rápidamente comenzamos a armar nuestros equipos.

Dice la teoría: “…el pescador deberá acercarse con sigilo a la costa, en lo posible con el sol de frente para no generar cono de sombra sobre el agua, observar desde allí sin hacer demasiado ruido y comenzar sus tiros despaciosamente…” lo que realizamos no demasiado bien, en cuanto asomarnos la cabeza al borde del río sucedió lo que en términos de ganado se llarna estampida, todos los salmones asustados huyeron aguas abajo rápidarnente y tuvimos que dejar pasar unas dos horas para que regresaran, afortunadamente durante ese tiempo recorrimos otras partes del río y tuvimos piques de varias arco iris de hasta 2 kg. que nos gratificaron hasta que los salmones regresaron a su pozón.
Durante el trayecto desde el campamento hacia el río habíamos observado gran cantidad de insectos principalmente caddis, pero dado que los estudios dicen que los salmones en su remonta no comen nos decidimos por comenzar con moscas con cabezas muddler y colas de marabou en distintas variantes de tamaños (# 6 al 2) formas y colores.

La pesca del Chinook es dificil, hay que ser sigiloso y castear preferentemente desde atrás y pasarle la mosca justo delante de las fauces para que se decidan a tomarla, una vez clavados pelean brutalmente y ayudados por su porte en la corrida sacan línea y backing en forma.
Los King presentan un aspecto un poco decepcionante debido al desgaste de sus aletas en la remonta y confección de nidos para el desove, su color es entre negruzco y morado y los portes son todos descomunales y muy parejos, como anécdota pesamos los primeros tres o cuatro y nuestra balanza fue superada ya que solo llega a 6 kg!… (todos los ejemplares fueron liberados).

En cuanto al equipo, en mi caso # 7 y Javier se aventuró con una Orvis # 5, recomiendo utilizar tippets fuertes dado que no parecen asustarse por esta razón y personalmente veo ventajoso poder arrimarlos fácilmente una vez que la batalla ha concluido y el pez permanece a un par de metros. Yo no usé conectores, usé leaders con nudos de 6 pies y atados a la línea con el tradicional nudo del clavo y tippet de IX y OX, respecto a líneas shooting taper sinking III, con amnesia y backing de 20 lbs., creo que esto es suficiente.

Nuestra salida duró tres días de campamento bien agreste, ayudados por la capacidad de cargo de nuestro vehículo llevamos hasta lo innecesario lo que facilitó las cosas, el resultado fue espléndido por ello sostengo que vale la pena un poco de incomodidades y de esfuerzo para lograr disfrutar en forma…

…Me olvidaba, el río se llama Cumbre, pero estoy seguro que hay otros cursos de agua con vertiente al pacífico donde remontan los king u otras de las especies de salmones del pacífico al finalizar el verano, vale la pena investigar; máxime si se cuenta con la posibilidad de hacerlo, tiempo, vehículo, compañeros y ganas, sobre todo ganas.

N de R:
1.- El autol; es abogado, profesor de derecho en la UBA y pescador con mosca desde hace 12 años.
2.- Para los interesados, recomendamos leer de la biblioteca de la AAPM el estudio del CEAN sobre la remonta de salmones en ríos argentinos con
vertiente pacífica.

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