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Dejá vu en el Malleo

por Juan Pablo Gozio

“No las puedo hacer subir” comentó quejoso Pepe, unos segundos después de comenzar a recoger su tradicional línea cuatro, llenando el ambiente sin viento con la música de un Hardy antiguo, su juguete preferido. La escena se desarrollaba en un pozo muy prometedor del Malleo, el cual evitaré precisar abonando a la continuidad de nuestra amistad. Pepe había estado lanzando sus endiosados Stimulators de todas las formas posibles y con la precisión y delicadeza que lo caracteriza. Deriva muerta, patinando, ambas… aguas arriba, cuarenta y cinco grados abajo, ¨pile cast¨, reach para acá, parachute, reach para allá, mends, curvas, rectas, triángulos, cubos, etc… Recorrió todas las formas geométricas sin resultados. Hasta llegó a presentar su mosca, sin intención, en una torta de tippet 5X retorcido que, luego de un perfecto tailing loop, resultó en una masa indisociable de fluocarbon y mosca. Tampoco eso funcionó. Era raro porque apenas unos días atrás, esas truchas se “comían” sus moscas sin tanta exigencia, siendo esperable pescar un par de marrones buenas en un atardecer. Ese día Pepe estaba enojado, frustrado. Tan mal estaba que, en un acto revolucionario, cambió su Stimulator tradicional por una Royal Stimulator. Era demasiada transgresión para no tener resultados. Se sentía como rebotado por la fea del boliche a la que había encarado condescendiente. Qué se creían esas truchas? Tenían que comerse esas moscas.

Llegué a escena cuándo Pepe estaba en el zenit colérico. “Y las marrones, dónde están las marrones grandes? Tienen que estar!” Siendo mi primera vez pescando ese pozo, seguí a Pepe. Mi Stimulator, bastante más robusta que la de Pepe, se posó en cada una de las piedras clave, con idéntico resultado que mi amigo. Las truchas no querían subir, punto. Decidí patear el tablero y colocarme en las antípodas de la técnica que aplicábamos. No se asuste, aunque tentado, no até una pancora del lomo. Abrí la caja de streamers y encontré una Blonde negra de unos diez centímetros cuyo bautismo de fuego había sido en la Boca, hacía más de 20 años. Era de las primeras moscas que había atado en mi vida. No se me ocurría nada más opuesto a la delicadeza de la técnica de Pepe. Estas truchas no se habrían olvidado de esta maravilla que Joe Brooks trajo de la Florida. Inmediatamente afloraron todo tipo de comentarios jocosos ante la herejía, a los cuales opuse la indiferencia del rebelde. Pescaba en la forma tradicional de streamer, con línea de flote, cruzando la corriente a gran velocidad. En algún lugar de mi memoria recordaba haberlo hecho allá por los ochentas. Tiros a 90° y recuperación veloz con strips herráticos largos y cortos, para que la mosca profundice apenas unos centímetros. Casi podía sentir los pelos de ciervo rugosos raspando la superficie y generando vibraciones perturbadoras para el predador territorial. Solo bastaron tres tiros para enloquecer a una marrón que atacó violentamente la mosca cuándo ésta se ponía paralela a la costa. El agua explotó testimoniando el grado de su enojo. El ataque fue impreciso y solo sentí el tirón. La recuerdan, pensé, aún la recuerdan. Unos minutos después, la Black Blonde volvió a invadir territorio. Esta vez en el centro del río con la mosca trabajando un poco más hundida, el ataque fue menos superficial pero implacable. Una pelea breve y se libera. Otra marrón buena que se había despertado.

En hora y media de pesca hasta la oscuridad total, con mi querida Blonde estimulé al pique a seis truchas grandes. Un resultado bastante más promisorio que la de todas los Stimulators que derivaron ese día.

Rompa las reglas!
Mi amigo Pepe confiaba tanto en su técnica que no estaba dispuesto a cambiarla. Está bien si usted se mantiene en una técnica determinada por vocación o gusto, como era realmente el caso de Pepe a pesar de mi descripción cómica de la situación. Sin embargo, la obstinación que viene del miedo al cambio, nos aleja de oportunidades de dar vuelta una jornada de fracaso. Si no tiene un pique, haga algo distinto, algo que rompa las reglas, algo que las truchas no estén viendo a menudo. Las chances de éxito mejoran, se lo aseguro. Recuerdo un cuento dónde una persona está arrodillada buscando algo bajo la luz de una calle. Llega otra persona y, al verlo, siente curiosidad. “Qué pasó, amigo?”, el arrodillado responde “Perdí un anillo”. Con intención de ayudarlo, le pregunta dónde lo perdió, a lo que responde: “en ese callejón oscuro”. Confuso con la respuesta, pregunta una obviedad: “si lo perdió en el callejón, por qué busca en la vereda?” La respuesta en boca del arrodillado: “cómo quiere que lo encuentre si no se ve nada, acá tengo luz!”. Cuántas veces nos quedamos pescando bajo la luz y la seguridad de nuestras técnicas por miedo a entrar a la oscuridad de algo novedoso, distinto a lo que venimos haciendo hace años o a lo que otros pescadores mencionan como imbatible. Cambie.

La ira es buena
Usamos streamers para seducir o irritar truchas grandes. Las truchas son el predador alfa en nuestros ríos. Una trucha grande es única, no tiene más enemigos que el hombre y por lo tanto se comporta como reina del agua. Es como el león, como el ciervo más grande de la manada. Cuánto mayor la trucha, más desarrollada la territorialidad. La trucha grande y vieja desplaza a las más pequeñas de los lugares dónde la comida abunda y las condiciones son más confortables. Peces grandes comen cosas grandes y como seres de sangre fría (no regulan temperatura sino que la toma del ambiente) su digestión se extiende por varios días. Esto quiere decir que, para pescar una trucha grande apelando a su necesidad de alimentarse, tendríamos que acertar con el día en que se alimenta, luego debería gustarle nuestro engaño y decidirse a picar. Parece posible pero poco probable. Sin embargo, la probabilidad se pone de nuestro dado cuándo apelamos a su sentido de territorialidad, y podemos enojarla cualquier día a cualquier hora. Aquí llegan nuestros streamers grandes a amenazar la supremacía de la trucha dominante del lugar, gatillando un ataque iracundo. Veamos qué podemos hacer para enojarlas.

Equipo para streamers
Una trucha grande no se molestará con un pequeñísimo pez porque no lo ve como una amenaza. Por eso para esta pesca uso streamers grandes, entre ocho y doce centímetros atados flacos, sparse, con poco bucktail o sintético de forma que muestre un perfil suculento sin agregar peso ni apelmazarse. Como sucede en toda la pesca con mosca, primero presentación, segundo presentación, tercero presentación y lo demás no importa. Queremos simular la imagen de un ser vivo, un invasor que penetra en los dominios del predador alfa, amenazando su dominio. Deje las moscas perfectas para los concursos de atado, acá necesitamos moscas bien simples, que sugieran formas de vida molestas. Podemos resolver la pesca con solo unas pocas moscas. Mi trío está compuesto por unas Blondes (Black, White, Argentine y Honey), unas Matukas (grizzly y grizzly teñido de amarillo o naranja) y unas Marabou Muddler (negra y blanca) atada con la cabeza triangular y poco ciervo. Las Blondes y Matukas atadas para alcanzar los ocho o diez centímetros y las Marabou Muddler unos seis o siete. Atándolas en tubos mejoramos sensiblemente la efectividad de clavada. Durante el día uso las moscas blancas o en colores bien claros porque permite ver la mosca, tener un control exacto de su deriva y ver los piques.

Prefiero una caña rápida de nueve pies para línea cuatro, aunque si las condiciones son muy malas para castear o el caster principiante, debemos inclinarnos a una cinco o seis. Los nueve pies ayudan a presentar mejor la línea en el cast y en las correcciones posteriores. Podemos usar cañas de dos manos o switch, aunque para estas pescas delicadas, aún prefiero las cañas de una mano. Con una caña lenta es casi imposible manejar el overhang largo ineludible para largos casts, un leader extendido y una mosca grande. Encima pescamos, casi siempre, en condiciones de viento dónde la línea tiene que viajar a alta velocidad y el doble haul es mandatorio.

Me gusta usar una línea de flote Weight Forward de torpedo normal. Hoy día hay muchas conformaciones de línea disponibles y a veces es confuso. Hay líneas que cuentan con una concentración de peso en los primeros metros del torpedo. Estas líneas son buenas para hacer tiros cortos o cuándo recogemos hasta casi el leader, permitiéndonos sacar línea más rápido. Sin embargo, son líneas que dificultan el pick up cuándo estamos pescando lejos y queremos levantar rápidamente y volver a poner la mosca en zona de pesca. Esto se da a menudo cuándo pescamos flotando y casteando streamers hacia los árboles. En el balance, me quedo con las líneas de torpedo standard que facilitan el pick up y los tiros más largos.
En la mayoría de las pescas uso un leader más prolongado de lo habitual. Para pescar streamers con línea de flote elijo un knotless de fluocarbono de nueve pies que termine en 1X y lo extiendo con un fluocarbono de 0,24 mm. No hay que ser muy delicado con el tippet, recordemos que estamos pescando peces grandes, contracorriente, recogiendo rápido y los piques son violentos… Para colmo usamos una caña rápida! El conjunto ideal para romper tippets. Además a esa velocidad de pesca, usando fluocarbono es suficiente para disimular leader y tippet. La mosca la ato con un Perfection Loop así queda dentro de un lazo y tiene mejor movilidad.
Después de tanta acción en aquel pozón, volvía caminando de noche con una luna parcial que, entre nubes, regalaba flashes de luz orientativos. Estaba totalmente solo, caminando, pensando, como unos veinte años atrás. En aquellos tiempos esas caminatas eran rápidas, menos conscientes del entorno. En la llegada estaba papá, adentro del auto, con la calefacción lista y las luces del auto prendidas como faro. Su pasatiempo preferido para esas esperas era tocar la bocina del 504 a modo de intimidación. Tantas veces había escuchado esa bocina llamándome… Tantas veces la había ignorado para extender la pesca al máximo posible. Era un juego elusivo del regreso, dónde papá, fingiendo enojo, decía cosas como: “Hace media hora que estoy tocando bocina, después no tenemos dónde comer en Junín!”. “No digas? No se escuchaba nada, viste como es esa arboleda…”. Su mirada de soslayo era indulgente y dejaba una puerta abierta para cambiar de tema, cosa que yo hacía con picardía iniciando el relato de la pesca de última hora, el cual, exagerado por la emoción, llenaba el espacio y volvíamos contentos. En el asiento de atrás, dejaba mi viejo chaleco de pesca, en cuyo patch de cordero brillaba la misma Black Blonde que ese día en el pozo de Pepe, veinte años después, volvía a demostrar su vigencia.

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