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Colores

Por Javier Alurralde

Transcurrido gran parte del día de pesca y cansado de bañar mi mosca con pobre resultado, la fatiga me sometió y no tuve otra alternativa que sentarme a descansar contemplando el incesante casting de streamers por parte de otros más entusiastas compañeros de pesca. Este obligado descanso me permitió advertir que uno de los pescadores, de tanto en tanto, obtenía algún pez más que quienes lo precedían.
Esta particular circunstancia llamó mi atención puesto que el último de los pescadores siempre tiene menos posibilidades de pescar que aquellos que lo preceden; poniendo más atención en él advertí que no lanzaba más lejos que el resto; tampoco utilizaba un shooting de hundimiento diferente pues todos usaban el mismo sinking de hundimiento IV; ni tenía un ritmo diferente para recoger la línea de pesca, por lo que concluí que la diferencia sólo podía tener alguna explicación, además de la suerte, en virtud de que utilizaba alguna mosca en particular.

Por la noche y mientras cenábamos, le pedí ver su caja de moscas a lo que accedió sin reparo señalándome las que había utilizado durante el día.
De un breve examen pude observar que aquellas que habían tenido éxito estaban atadas en tamaño N°: 6 (Mustad 9672 o equivalente); eran bucktails, con un pequeño mechón de pelo blanco atado del ojo y colocado por debajo del anzuelo, el color del ala era azul y en algún caso violeta, con poco brillo; me sorprendió observar la inexistencia de todo elemento sobre el vástago del anzuelo, no tenía tinsel ni ningún otro elemento enrollado en el cuerpo.

Cuando le pregunte por todo ello me contestó simplemente que:
Las ataba con y sin tinsel, pero que a su criterio la inexistencia de tinsel u otros elementos brillantes sobre el cuerpo del anzuelo simplificaba su atado y salvo en contadas ocasiones no había notado significativa disminución en el pique; además acotó que todos los elementos de la mosca los ataba directamente en la cabeza pues ello elevaba la duración de la mosca, en tanto la trucha no rompía el tinsel con sus dientes, a la vez que se evitaba su rotura en ocasión del retiro de la mosca de la boca del pez facilitando la maniobra de liberación. Por lo demás consideraba que ese vástago oscuro del anzuelo servía como una suerte de línea lateral, sin perjuicio de que también tenía una buena provisión de las moscas atadas del modo tradicional y las utilizaba cuando las descriptas no andaban.
Respecto al brillo de la mosca me indicó que ponía muy poco Krystal Flash o elemento similar y que además era lo primero que ataba en la mosca y así quedaban semiocultos y rodeados del resto del material puesto que consideraba que la mosca debía tener sólo destellos en lugar de convertirse en un semáforo incandescente lo que revela falta de naturalidad. Al moverse el material por efecto de la corriente dejaba entrever el brillo, tal como un pez que al moverse en el agua refleja alguna de sus escamas y luego se oculta, pero permite ser detectado.
Con relación al bucktail me expresó que prefería utilizar ese material en poca cantidad, preferentemente pelos finos y levemente enrulados, y que si bien eran más dificiles de emparejar tenían una mejor acción en el agua, desdeñando aquellos rectos que servían para atar moscas parejas pero no para pescar, en su particular criterio.

Con respecto al color de aquellas que había utilizado, simplemente me contestó que fueron las que anduvieron a partir de la media mañana y que así continuaron por todo el día hasta el atardecer, con un resultado aceptable si teníamos en cuenta el resultado del resto de los pescadores quienes habían utilizado otros streamers tradicionales. En su opinión el éxito de la mosca debía buscarse en la presentación de la mosca, su tamaño, la silueta y su acción por sobre todas las cosas, y luego en el color utilizado para su confección aún cuando lo consideraba el último factor a tener en cuenta.
Con evidencia estas moscas no estaban atadas para ser vendidas en un shooping y atraer pescadores sino atrapar peces, no tenían elementos que sobreabundaran, los materiales eran escasos, lo suficiente para otorgar una buena silueta pero con cierta transparencia, y la escasez de materiales le permitía profundizar rápidamente. A la buena silueta cabía adicionarle una carencia de elementos frágiles que pudieran inutilizarla; era una mosca para durar y eso vale en el río cuando tenemos sólo una, y es la que funciona.

Pero la respuesta respecto del color no me satisfizo del todo, me llamo la atención la utilización de un color anormal, puesto que no estoy acostumbrado a ver pescadores utilizando colores como el azul o el violeta en sus jornadas de pesca, así que procedí a investigar un poco más el tema.
De diversos artículos que pude colectar constaté que quienes más habían estudiado el asunto realizaron trabajos científicos destinados a los criadores de peces, por el obvio interés que tienen de que las truchas ingieran más alimento y consecuentemente se desarrollen más rápidamente.
Y de su lectura surge que en diversos experimentos de alimentación le arrojaron a las truchas, en diferentes condiciones de luz y en contorno azul pellets de distintos colores, y se constató que las truchas demostraron tener más interés en los pellets de color azul y amarillo que respecto de ningún otro color, siguiendo luego el rojo, negro, naranja (Ginetz y Larkin 1973).
A similares conclusiones se arriba en otro trabajo científico más reciente (Toledo Maria Isabel, Universidad Católica de Valparaíso) quién realizó una experiencia similar en estanques circulares con entorno natural en la piscicultura de Río Blanco, y nuevamente las truchas mostraron preferencia por los pellets color azul.

Curiosamente, iguales experiencias con el salmón del atlántico arrojaron que el color preferido no era el azul sino el rojo.
De otro lado, trabajos realizados por la marina de los Estados Unidos han permitido verificar que los colores más visibles en aguas claras eran el amarillo y el azul en colores no fluorescentes, y entre los últimos el blanco y el verde.
Va de suyo, entonces, que así como la luz es importante, también lo es el color y el contraste para ubicar el alimento y detectar el color por el que preferentemente el pez resulta atraído.

Así las cosas, parece evidente que el color azul tiene ciertas propiedades que lo hacen atractivo, pues en aguas claras mantiene su color inalterable hasta gran profundidad y por lo tanto refleja bien su color otorgándole una buena visibilidad sin cambios, excepto a gran distancia circunstancia en la que se pierde contra el telón de fondo del agua, y además registra un buen contraste contra el fondo claro, salvo que el fondo sea oscuro, aumentando las posibilidades de localización del pez y por lo tanto, de que éste vea la mosca, la distinga del entorno y la procese como un posible alimento.
Por eso el color ayuda, en tanto destaca una mosca dentro de la columna de agua dadas ciertas condiciones, incrementando así su visibilidad y posibilidad de localización por parte del pez, puesto que si la mosca se mimetiza pasa inadvertida para el pez, y por consiguiente disminuyen las posibilidades de que ella resulte detectada; necesitamos que ella resulte claramente visible, que se destaque contra la superficie o contra el fondo, pues así la vista de la trucha cumple su misión fundamental que consiste en detectar el posible alimento.

Pasada esta primer fase tendremos otra siguiente, que es convencer al pez de que se trata efectivamente de un alimento o algo que vale la pena probar, y aquí juegan papeles fundamentales la silueta, el tamaño y la forma de moverse del engaño, y si bien la trucha no tiene una visión con el nivel de detalle del ser humano, pues las imágenes que obtiene no son de gran calidad (el ojo humano tiene una resolución aproximada de 14 veces mejor al de las truchas), pero en cambio ella es infinitamente más dúctil para registrar y analizar el movimiento pues posee una extrema sensibilidad al movimiento y al contraste, a punto tal que todo lo que se mueva de modo anormal puede resultar rechazado.
En experiencias efectuadas en pisciculturas les arrojaron larvas de Daphias vivas y muertas, los peces prefirieron las vivas y las truchas las identificaban y distinguían sólo por el movimiento de sus branquias, lo que habla claramente de la enorme ductilidad para apreciar y juzgar el movimiento de la presa antes de tomarla.

De tal modo, la ecuación acertada en la que ha que pensarse, y acertar, refiere al tamaño; la forma o silueta de la mosca; el movimiento que se le imprime a la mosca, y finalmente en un color adecuado de ella que le permita ser detectada con facilidad; es decir, una suma de componentes que han de ser utilizados por el pescador para convencer a la trucha que ese manojo de pelos que se le presenta debe ser interpretado como un ser vivo, del que puede alimentarse.
Luego, entender que en aguas claras y con buena luz diurna los colores azul y amarillo, verde fluorescente y blanco tienen una buena refracción y por lo tanto no pierden su visibilidad ni la modifican fácilmente, sin dejar de lado el color negro, pueden tener incidencia en el resultado de la pesca, por lo que se recomienda que los pescadores tengan en cuenta estos aspectos a la hora de elegir sus moscas.
En horas de muy poca luz bastaría el negro y blanco, pues si bien el pez distingue el color blanco, los restantes colores son apreciados en una gama de grises, con lo que pienso que el problema de elección de colores tiene gran parte de su solución con la combinación antes citada.
Otro problema diferente reside en el modo de elaborar los bucktails, es decir si adoptamos para su construcción dos colores y similar cantidad de bandas o elegimos construirlos en tres bandas de colores, ya sea ello en dos colores o tres, puesto que algunos autores mencionan teorías y estadísticas en las que se sostiene que atar la mosca en tres bandas de color da mucho mayor resultado que en dos bandas, por ejemplo, en lugar de atar la mosca con un bajo ala amarillo y ala roja aconsejan en su lugar atar amarillo, rojo y amarillo (por ejemplo Micky Finn), y así se citan estadísticas favorables de pique elaboradas en el año 1949 por Ben Trask en la revista Field & Streams en “Smelt-Fly Patterns” de Donald A. Wilson.

Esto queda al gusto del consumidor, pero me parece una buena idea la de combinar en varias bandas los colores visibles en el bucktail, pues siempre alguno ha de reflejar su luz haciéndose visible para la trucha.
Claro que ello sólo no basta para asegurar el éxito puesto que también hemos mencionado otros elementos que se consideran de mayor importancia, más el camino se inicia dando el primer paso.
Por último, cabe acotar que mis opiniones precedentes se refieren a la pesca sobre todo en ríos, ya que en lagos la cuestión puede ser distinta, pues entiendo que el pez viene a la búsqueda de la mosca desde más lejos, y allí sí el telón de fondo, de color azul, puede ser un factor negativo importante, pues la mosca se confundiría con el color con tal telón. Esto no ocurre en el río donde el pez viene de mucho más cerca, y ve pasar la mosca sin que haga grandes distancias en su búsqueda.

Fuentes consultadas y donde se puede ampliar lo dicho:
Marcelo Morales; Mirando como una Trucha en www. flyfishing-argentina.com; parte 1 y 2.
H.Yamasaki en La visión de las truchas en www.pesca.or.mx
Maria Isabel Toledo en Calidad Física y Química de los Alimentos para Peces en www.fao.org

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