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Chile, al sur

por M A. BERTOLOTTI

ITINERARIOS DE PESCA

Obedeciendo a la tradicional sed de descubrimientos que caracteriza a los mosqueros, el autor recorrió unos 2.500 km de suelo chileno a puro lance. Su relato conforma un minucioso informe de pesca.

Uno de los rasgos que caracteriza a los mosqueros es el permanente afán por descubrir nuevos ambientes de pesca. Digo ambientes pues, normalmente, aspiramos a que el lugar donde practicamos nuestro deporte no sólo posea peces, sino que también se encuentre en un marco de belleza natural, comparable a la del pez que devolvemos.
Con estas motivaciones, mi mujer y yo resolvimos conocer chile este año.
Nuestro itinerario fue: Posadas, La Serena (Chile), Puerto Varas, Isla Chiloé, Chaitén, Coihaique, Alto Río Senguer, Lago La Plata (Río Unión), Posadas. Totalizamos 10.500 kilómetros, de los cuales 2.500 se cubrieron en Chile.
¡A no asustarse! Sólo me referiré al objetivo principal de nuestro viaje: la “Carretera Austral”.
Y, para estimularlos, les diré que quienes visitan habitualmente Junín, tienen la posibilidad de recorrerla, ya que les queda a dos tiros de fusil.


Mapa de la región transitada.

Puerto Varas-Chaitén

Comenzaremos el viaje desde Puerto Varas, lugar sumamente pintoresco y acogedor, a orillas del lago Llanquihué y al pie del espectacular volcán Osorno. Aquí, a escasos 20 kilómetros de la Villa sobre asfalto, el famoso desemboque del río Pescado -siempre bastante concurrido-, garantiza cuanto menos una pieza por día, con un peso no inferior a los cuatro kilos.
Es un paraje espléndido y la pesca se realiza en ambas márgenes, lanzando hacia el lago. Por supuesto, el primer día debí pagar mi “derecho de piso”. Había armado la caña N° 6 con línea de flote y una Mudder Minnow, anzuelo N° 8. Era temprano y estaba muy calmo. Los lanzamientos salían armónicos y alcanzaban buena distancia. Comenzaron a llegar otros pescadores, quienes se formaron frente al lago, realizando lanzamientos paralelos. La distribución me hizo acordar a la pesca en la desembocadura del Pichi Traful; pero solamente por la distribución, ya que los “medios” que empleaban eran completamente disímiles: muchas latitas con “caimanes”, algunos con mosca, otros con equipos de spinning, etcétera. Todos lanzando desenfrenadamente. Y, entre este infernal azote a la atmósfera, comenzó el viento y se encresparon las olas. A aquellos con equipo mediano se nos acortó la distancia y debimos retroceder. Así es que me batí en honrosa retirada. Luego de un largo descanso, resolví volver a la carga.

Esta vez armé la N° 10, con línea Shooting Taper (sinking) y una Woolly Bugger negra anzuelo N° 4. Después de esperar pacientemente un hueco en la fila, me introduje y comencé mis lanzamientos. Recogía a la velocidad necesaria para evitar que la mosca se enganchara en las piedras del fondo. De pronto, caña arriba y línea tensa. Casi instantáneamente, un fugaz borbollón de ancha y oscura cola. Luego, una corrida hacia la costa, que aflojó completamente la línea. Me sorprendió; pensé que arrancaría para el centro del lago.

¡Qué embrollo esta línea floja!

¿Habrá escapado? De repente, se vuelve a tensar; pero ahora la corrida es en sentido opuesto, con intervalos de pesados cabeceos, que me hacen temblar por el leader 3X. Es una grande. Comienzo a retroceder lentamente, pues tenía el agua ‘hasta la cintura. En este momento estalla la superficie y vibra en el aire con sus reflejos plateados. Mis vecinos, que han dejado de lanzar, dejan espacio y me observan silenciosamente. Por fin, la voy acercando y logro vararla en la orilla: es un hermoso ejemplar de cuerpo robusto color plata, con el lomo de un verdoso oscuro. Pesará alrededor de cinco kilos. Al mirarla, recuerdo aquellas que pescaba en las Barrancas de Allen, en el río Grande de Tierra del Fuego. ¿Será una marrón que realizó un periplo marítimo?
Eran las 16 horas de un día de fines de enero del ‘88, con un sol radiante que iluminaba la cumbre nevada del Osorno. Volví lentamente al auto, agradeciendo a Dios por haberme facilitado la oportunidad de disfrutar estos momentos. Mi mujer y yo nos tomamos una foto y, después, me bebí unos largos tragos del bueno para festejar tan magnífica jornada.

Desde Puerto Varas, diría que es obligatorio visitar el Parque Nacional Pérez Rosales (40 km) y recorrer -pescando en los lugares accesibles- el río Petrohué desde su boca, en el lago Todos los Santos. En este tramo se encuentran los saltos del Petrohué, cuya transparencia y pureza son imposibles de describir; sus aguas son “Gin Clear”, como dicen los ingleses, sólo comparables a las traslúcidas de nuestro espectacular río Traful. y esta oportunidad se presta para que usemos el resto de nuestra artillería: moscas secas, húmedas y ninfas. Aproximadamente a 1.000 metros aguas abajo de los saltos, está el acceso a un lugar con amplios espacios, empleado por el personal de Parques Nacionales como área de camping, donde rodeados de quietud, belleza y soledad podemos caminar el río practicando estas modalidades. El peso va de un kilo a uno y medio; pero… ¡qué robustas y luchadoras!
Ahora, continuemos hacia el sur “saltando” en el transbordador a la isla Chiloé, la que recorreremos con nuestro automóvil -aproximadamente 80 kilómetros- hasta Dalcahue. Aquí volveremos a tomar otro transbordador que nos trasladará de nuevo al continente, más exactamente a Chaitén. Este circuito es necesario dado que, por ahora, no existe un acceso directo para alcanzar esta localidad.

La 40 de Chile

En Chaitén comienza la ansiada Carretera Austral, que se extiende hasta Cochrane, a orillas del lago homónimo, totalizando una distancia aproximada a los 750 kilómetros.
Pero antes de iniciar nuestro derrotero, es muy conveniente aprovisionarse -como bien sabemos los mosqueros- de elementos sólidos y líquidos. ..me refiero al combustible, lógicamente. Ya en la ruta, consolidada en toda su extensión y muy semejante a la 40 argentina, encontramos que algunos de sus tramos se hallan erosionados por el viento, lo cual la pone un poco áspera, aunque perfectamente transitable, incluso bajo la lluvia. Su estado, en general, resulta bueno.
En Puerto Cárdenas comienza una fiesta para la vista y para la caña, que no termina hasta Cochrane. El tramo que va hasta Coihaique conviene hacerlo con toda lentitud, disfrutando de un paisaje único y de la pesca, susceptible de practicarse en todos los ríos y lagos que bordeamos, acompañados de soledad y belleza indescriptibles.

Podemos comenzar en el lago Yelcho (Puerto Cárdenas), uno de los más hermosos de Chile. Los mejores lugares están en la boca del río de igual nombre y al fondo del lago, en isla “La Mona”, donde existe un coto de pesca. Sería muy engorroso y extenso relatar en detalle las características de cada lugar, ya que la carretera casi permanentemente bordea un río, un lago, un fiordo, con aguas tan transparentes que tenemos que beberlas para comprobar que son saladas. Resulta imposible aconsejar un lugar determinado para pescar en este recorrido tan extenso (750 kilómetros), ya que es factible hacerlo toda vez que la ruta se aproxima a un espejo de agua donde, seguramente, siempre habrá algo. En el recuadro he realizado una síntesis de los lugares que merecen ser visitados, pero acá solo me referiré a los ríos, ya que los prefiero para practicar nuestro deporte. Debo señalar, aunque en este caso lo obviemos, que se pueden realizar circuitos laterales de pesca a partir de la carretera Austral.

Retornando nuestro camino, cuando llegamos al puente del río Cisnes tomamos la bifurcación hacia la costa, que nos lleva al puerto. A poco de andar, nos encontramos con el caudaloso Cisnes, que bordearemos hasta llegar al mar. Hay varios accesos; pero aproximadamente a 28 kilómetros de la bifurcación, existe un prado a nivel del río donde se puede acampar.
En todo este tramo la pesca es posible. Y es justamente en una de las entradas -muy buena para efectuar los lanzamientos- donde me dispuse a probar algunas moscas inglesas, atadas durante el invierno anterior. Así es que, armé mi caña N° 5 “TRAUN SPECIAL’, de split bambú y origen austríaco (el “stradivarius”, como me gusta llamarla), con una línea de flote, un leader 6x y, en la punta, una mosca seca “GREY DUSTER”, anzuelo N° 14. El día resultaba apacible, claro y sin viento cuando comencé mi jornada. Primeros lanzamientos, hacia la barranca de enfrente, entre dos altos arbustos. Suficientemente uniforme, la corriente pertante prolongada.

Todo trasuntaba armonía; el largo leader se extendió en su integridad y la mosca descendió suavemente sobre el agua. De pronto. ..¡paro cardíaco! En el primer tramo de flote, una explosión quebró la tersa superficie y alcancé a vislumbrar fugazmente un ancho lomo oscuro; un segundo después, la línea era una tensa cuerda y el reel dejó oír su zumbido.

Cuando me dispuse a iniciar la lucha, un tremendo salto la mostró completamente afuera, en medio de salvajes sacudones. Al caer, la línea quedó floja, inerte. Me ganó en buena ley, se ha ido. ..Sucedió todo muy rápido; tanto que, sin esperar a que me recuperara la normalidad retornó con su marco de quietud, silencio y color. Calculo que pesaría alrededor de tres kilos. En el curso del día usé, además, una “LITTLE MARRYATT” y una “BLUE DUN”.

Con ellas tuve algún pique, en su mayoría marrones, cuyos pesos oscilarían entre uno y dos kilos.

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