El placer de vadear con seguridad

Marcelo Morales

Vadear un río es bastante más que caminar por el agua buscando un lance cómodo. Se trata de un contacto íntimo con el curso, sus aguas, rocas y orillas, contacto que no puede experimentar un pescador desde un bote.

Vadear las rápidas y engañosas corrientes de un río le suma a mi pesca la cuota de aventura y peligro necesaria para mantener un saludable flujo de adrenalina, que mejora las reacciones instintivas liberando tesoros ancestrales que tan bien nos sirvieron por millones de años.

El pescador de mosca que vadea está probando las fuerzas del agua durante horas, al tiempo que las aguas lo prueban a él. Y de esta interacción constante surge un mayor entendimiento sobre esos elementos tan esenciales para las truchas y que tan bien dominan: el agua y las corrientes.

La sensación de peligro al vadear un río fuerte es energizante, pero al mismo tiempo construye una percepción que nos alerta sobre posibles peligros que no podemos menospreciar para que, llegado el caso, sólo terminen como una buena historia de fogón y no algo que lamentar.

Subestimar al río es un error fatal que debemos evitar en todo momento. Y esta es una buena época para hablar sobre el tema, ya que en estos días arranca la nueva temporada y las aguas corren altas esta vez.

Mientras escribo estas líneas recuerdo el mal momento que pasamos cuando el Limay Medio arrastró a un amigo que había caminado un metro más de lo conveniente. En un santiamén se encontraba flotando en un mar de agua, gritando que estaba bien y sin soltar la caña. Saltamos al bote que arrancó de inmediato y logramos agarrarlo de la espalda del chaleco cuando ya flotaba resignado mirando las piedras del fondo. Fue muy fuerte para nosotros darnos cuenta de que se había abandonado y en un minuto más se hubiera ahogado, sin embargo, lo sacamos con la caña en la mano.

Otros amigos no han tenido tanta suerte, y por desafiar a un río o lago se fueron antes de lo pensado a pescar en otros mundos.

Personalmente he resbalado y caído en aguas que parecían muy fáciles y el río ha estado a punto de llevarme por haber dado unos pasos más de los aconsejables, pero hasta el momento —por haber tomado ciertas precauciones— nunca un curso me ha arrastrado a merced de la corriente de modo inesperado.

Como en casi todos los deportes, en el vadeo el tamaño del pescador define la capacidad de cada uno al cruzar un río. No es lo mismo atravesar una corriente fuerte y honda para un aficionado bajo y liviano que para otro alto y pesado. Simplemente, la física del agua y las corrientes afectan a cada individuo de manera diferente de acuerdo con su físico y firmeza muscular. Cuando vemos a un pescador cruzar sin problemas una corriente, antes de emular la hazaña conviene estudiar el tamaño y posible peso del que lo hizo primero, ya que si somos más chicos y livianos los resultados pueden ser bien diferentes.

Y siempre es más razonable buscar un paso adecuado a nuestra contextura, aunque tengamos que dar un buen rodeo.

CUIDADO

En numerosas ramas de la pesca con mosca aprendemos mucho leyendo, para luego fijar los conocimientos experimentando en el río. Y en el vadeo es igual, salvo que los resultados de la práctica de campo pueden ser mucho más traumáticos que no tener pique o perder una buena trucha. Por estos motivos, los experimentos de vadeo tienen que ser mucho más pensados y en un ambiente controlado y sin sorpresas.

Salir ilesos de una situación de vadeo que se complica depende, en casi todos los casos, de saber exactamente qué hacer en ese momento. Hay bastante escrito o videos sobre el tema, material que recomiendo leer y mirar con mucho detenimiento.

Bajo condiciones controladas es revelador probar nuestras capacidades con todo el equipo que cargamos encima a la hora de pescar. Una buena pileta de natación es el escenario inicial perfecto para ver qué pasa cuando caemos en aguas profundas con nuestra armadura de caballeros.

“DE VIAJE”

En pocos minutos, una serie de mitos perfectamente arraigados desaparecerán como la niebla matutina. Entre ellos el que dice que el wader lleno de agua nos lleva al fondo como si nos hubiera enganchado el Titanic. Los waders repletos de agua no pesan más que cuando los llevamos en seco. De hecho, por la densidad del agua pesan menos. Y el líquido que cargan no pesa más que el agua que nos rodea.

Tanto los waders como los zapatos tienden a flotar (muchos zapatos de vadeo lo hacen aun llenos de agua). El uso de un buen cinturón cierra la parte superior del wader, evitando que embolse agua y mejorando nuestra capacidad para nadar. De otro modo es como tratar de arrastrar un balde lleno de agua: no pesa y no se hunde, pero cuesta moverlo en contra del agua.

Si no queremos convertirnos en un ancla de mar como las que usamos para pescar o navegar en tormenta, un cinturón ayuda a no transformarnos en una bolsa. Pero el agua, a los pocos segundos, entra igual. Eso sí: en una sentada rápida, con el cinturón puesto embarcaremos menos agua y podremos seguir pescando sin tener que recurrir a la muda de emergencia, que por las dudas siempre hay que llevar en el vehículo.

SALVEMOS EL EQUIPO

La caña y el chaleco molestan bastante al nadar, aunque podamos hacerlo bien con un brazo poniéndonos de costado. Arrojar la caña a la orilla es lo primero que debemos hacer. Y no hay que dudar un segundo. El paso posterior es sacarnos el chaleco. Tanto la caña como el chaleco son fáciles de recuperar ni bien salgamos del agua.

La experiencia de la pileta tenemos que repetirla en pleno verano en alguna parte segura de un río, para analizar cómo nos afecta la corriente y cuál es la mejor maniobra por realizar cuando seamos arrastrados por el agua.

Recuerdo muchos días en el Collón cuando pescábamos sometidos a un sol abrasador. Los waders no se soportaban y era un alivio dejarnos llevar por el río de un punto de pique al otro. En algunos casos simplemente flotábamos hasta hacer pie de nuevo, y en otros nos divertíamos con una caminata lunar, con grandes saltos de astronautas en una profundidad justa que nos sostenía como la ingravidez del espacio.

PASO A PASO

Se aprende mucho cuando el agua está caliente y nos animamos a meternos en ella, sintiendo la escondida fuerza de las corrientes y cómo reacciona nuestro cuerpo, comprobando hacia dónde conviene nadar y cuánto realmente nos va a arrastrar y hacia dónde. Estos experimentos hay que hacerlos en sitios seguros y con el agua caliente. El agua fría puede jugarnos una mala pasada sacándonos el aliento, lo que impide respirar correctamente y es camino seguro al pánico que nubla cualquier pensamiento inteligente.

Una situación muy frecuente cuando vadeamos ríos grandes es caminar sobre una lengua de fondo entre dos canales de agua honda y fuerte que se juntan más abajo. Como en estas lenguas las piedras suelen ser chicas, es fácil sentir una falsa seguridad que nos anima cada vez a dar un paso más. Esta ficticia seguridad pronto nos lleva a cruzar una línea, pasada la cual no hay vuelta atrás. Y el resultado es que terminamos nadando en medio del río con ambas orillas equidistantes y lejos, algo que con agua fría se convierte en una combinación letal.

Para evitar ese error debemos ir evaluando continuamente nuestra capacidad para volver sobre nuestros pasos, y ante la mínima dificultad dar un paso atrás y detener el avance, aunque nuestras ganas de hacer un tiro más allá sean enormes.

Hay que tener en cuenta que, en estos sitios, a menos que haya un bote, nuestros compañeros no van a poder ayudarnos porque las orillas quedan alejadas y cualquiera que salte al agua sufrirá las mismas consecuencias. Este tipo de situación es característica del Limay Medio, con el agravante de que el agua puede subir por acción de la presa, por lo que debemos estar muy atentos.

Un salvavidas inflable es nuestro mejor amigo en este cauce. Lo recomiendo sin dudar, ya que me ha dado seguridad en muchos cruces que se complicaron.

RECURSOS

En uno de los primeros libros que compré sobre pesca con mosca, Joe Brooks recomendaba usar la caña para mantener el balance en aguas rápidas, sumergiéndola un poco bajo la superficie mientras apuntamos con ella directamente aguas abajo. La densidad del agua y el largo de la caña permiten ejercer una buena presión, y así mantener el equilibrio.

Los brazos extendidos usados como la vara de un equilibrista funcionan muy bien mientras atravesamos aguas no muy profundas.

Las dos formas más seguras de cruzar una zona complicada es con la ayuda de un bastón de vadeo adecuado a la fuerza del agua o con el auxilio de algún compañero de pesca. Con el bastón siempre tendremos al menos dos apoyos firmes en el fondo, y es importante usarlo aguas arriba de nosotros para no tropezar con él en caso de tener que dar algún paso inesperado.

Es inmensa la diferencia entre cruzar con un bastón y sin él. En el mercado hay modelos plegables muy fuertes y bien diseñados. No existe excusa para no llevar uno, y les garantizo que pueden convertirse en la pieza más importante del equipo, sobre todo para los pescadores que suelen recorrer en soledad los ríos.

ACOMPAÑADO

Cuando pescamos con amigos lo más seguro es juntarse al momento de cruzar, vadeando los más grandes y pesados aguas arriba y los más livianos atrás, porque es mucho más fácil sostener a un pescador que flota aguas abajo que detener a uno que nos empuja desde río arriba.

Cruzar en grupo es muy seguro. Pero esta sensación de seguridad no debe llevarnos a cometer estupideces, como atravesar el río aguas arriba de un punto peligroso (por ejemplo, la unión de varias corrientes fuertes, un paredón donde la corriente pega y se hunde hasta el fondo, o un sauce arrastrado por el río donde el agua puede meternos abajo con tremendas consecuencias). La potencia del agua contra un objeto que frena la corriente es algo que no podemos entender hasta vivirlo en carne propia, y no es una experiencia recomendable para nadie.

Cuando uno flota un río potente, lo primero es conocerlo de memoria para anticipar cada maniobra. Y para ello recorremos a pie todas sus partes peligrosas, anotando mentalmente qué maniobras vamos a hacer para anticipar los puntos donde la corriente podría llevarnos a una colisión desastrosa con el bote. Largarnos con un bote sin conocer de antemano el terreno, lo mismo que vadear sin haber reconocido el lugar, es un pasaporte seguro a una situación de riesgo ya que la fuerza del agua no resulta algo que podamos controlar. Bien usada, esta fuerza es de gran ayuda, pero no podemos luchar contra ella.

LEER LA ESTRUCTURA

Mi consejo siempre es vadear en cualquier sitio donde el agua pueda hacernos caer y remojarnos un poco, pero evitar los sectores donde pueda arrastrarnos a una zona profunda o peligrosa por las estructuras presentes. Luchar contra la fuerza del agua es lo que nos hace caer. Mucho mejor es caminar con el agua vigilando la profundidad adelante de nosotros todo el tiempo.

Una diagonal orientada aguas abajo hacia el punto que deseamos llegar puede ser un camino largo, pero muchas veces es más seguro que un cruce en ángulo recto para acortar camino. Para volver a ganar la orilla nuevamente, la opción más fácil es otra diagonal aguas abajo. Por estas razones, cuando decido llegar a un punto en el río, antes de entrar al agua trazo mentalmente las dos diagonales que voy a usar para ingresar y salir, mirando la profundidad y viendo si no hay peligros curso abajo.

Suele pasar que por vadear sin pensar llegamos a un punto donde no podemos salir río abajo ni de costado, y la única alternativa es volver sobre nuestros pasos en contra de la corriente. En este caso tenemos que ponernos de costado a la corriente con nuestra pierna más fuerte aguas abajo y, con cuidado y arrastrando los pies sin levantarlos, avanzar agua arriba hasta llegar a una corriente más débil donde podamos cruzar de costado. El bastón de vadeo es de gran ayuda en estas situaciones en que la corriente suele sacarnos las piedras por debajo de las suelas y cuesta mantener un buen grip con el fondo.

Nunca muevo un pie hasta que el otro está completamente trabado o estoy seguro de que no va a patinar. Apurarse en estas circunstancias es un pase directo a un chapuzón. Conviene respirar hondo y tomarnos la vuelta con calma, porque nadie nos apura. Y mejor retornar secos que tener que inventar un cuento de un marrón gigante...

En los ríos de aguas muy limpias como el Traful, es muy común que la vista se engañe al juzgar la profundidad y entonces cometamos errores. En algunos sitios los ojos nos dirán que el fondo sube cuando es todo lo contrario, por lo que debemos ir mirando la altura del agua en el wader, un detalle que refleja sin errores la realidad.

Siempre que vadeo en un río observo aguas abajo para saber qué haría en el caso de ser arrastrado por el agua. En la mayoría de los casos, la mejor estrategia es flotar de espaldas con las piernas estiradas, hasta llegar a la próxima parte baja braceando para acercarnos a la orilla y no pasar de largo.

Cuando accedemos a la ribera, lo aconsejable es salir en cuatro patas, porque el líquido dentro del wader, que no pesaba nada en el agua, cuando queremos pararnos verticales puede hacernos caer de nuevo. Mejor es darse vuelta mirando el piso y salir de a poco reptando. Al estar más aplanados, el agua del wader va saliendo hacia adelante, aliviando el peso hasta que nos podemos parar.

Cuando enfrentamos todo el tiempo aguas peligrosas, no hay razón para no tener algún elemento de flotación extra, como un chaleco salvavidas inflable. Hay modelos con bolsillos y dispositivos que despliegan un chaleco inflable muy seguro, de poco peso y que casi no notamos al usarlo (como los Suspenders y similares).

Todos pueden inflarse manualmente, algo que recomiendo antes de un cruce complicado. Y pueden desinflarse cuando llegamos a una parte segura. De ese modo evitamos usar la botella de gas, que reservaremos para una caída en serio.

Personalmente empleo un salvavidas que va en el cinturón y cabe dentro de una funda que no es mucho más grande que una caja de moscas. Puedo inflarlo con la boca en forma manual y tiene una botella de gas que hace lo propio al tirar de una cuerda. El sistema es totalmente seguro y muy probado en todo tipo de embarcaciones y aviones.

CALZADO

La suela del zapato de vadeo es nuestro punto de contacto con el fondo y tenemos que adecuarla perfectamente a lo que vamos a pisar. Por la proliferación de especies de algas y parásitos invasivos, en la actualidad muchos zapatos vienen con diferentes tipos de suelas de goma. Y es cierto que se han hecho enormes esfuerzos para que los diseños en las suelas de goma sirvan para no resbalar, pero la verdad es que los resultados son muy erráticos.

Para fondo de piedras chicas y sin verdín, las suelas de goma funcionan perfectamente. Y también son más cómodas para largas caminatas fuera del agua. Pero con piedras de tamaño grande cubiertas de verdín o limo, estas suelas, en general, no brindan un grip adecuado para vadear con seguridad, por lo que hay que instalar diferentes tipos de tornillos metálicos que mejoran el agarre pero que complican su uso sobre botes y balsas.

Los tornillos de tungsteno resbalan sobre las piedras secas de la orilla, por lo que debemos aprender a caminar de nuevo. Por el momento, las suelas de fieltro son más seguras. Y para aguas muy complicadas, nada mejor que fieltro con tornillos (aunque luego no sean amigables con los botes o nos den algo de problemas en las orillas).

Después de muchos estudios, todavía los científicos no se han puesto de acuerdo sobre el verdadero papel del fieltro en el traslado de especies invasoras. Actualmente pareciera que ya no es tan así y muchos fabricantes están volviendo a este material luego de muy malas experiencias con las suelas de goma.

WADER

Personalmente pienso que debemos desinfectar bien el equipo cuando vamos de una zona contaminada a una nueva. Y aunque esta precaución no va a detener el avance de esos organismos, puede que lo retrase. Y en algunos sitios con menos afluencia de pescadores, a lo mejor el contagio no se produce.

La posición de los pies al vadear es muy importante. Lo que más resultado me ha dado para no caerme es apuntar con un pie aguas arriba y el otro aguas abajo o cruzado a la corriente, mientras me mantengo con el cuerpo de costado a la corriente. Caminar con los dos pies apuntando al frente nos resta mucha estabilidad en el agua. En cambio, si abrimos los pies y los brazos somos mucho más estables.

Cuando vadeo aguas arriba en corriente fuerte pongo el pie que queda aguas abajo apuntando de costado y un poco agua abajo, mientras arrastro el pie delantero de punta a la corriente.

Dentro de lo posible, al vadear tenemos que levantar los pies lo menos que podamos. Es mucho más seguro deslizarlos por el fondo, ya que de este modo los podemos afirmar de inmediato ante cualquier desbalance en el equilibrio.

En cambio, caminar dando zancadas levantando mucho los pies es el camino más seguro hacia una zambullida al tropezar con una piedra (que hubiéramos advertido si deslizábamos los pies en vez de levantarlos). En aguas rápidas, nunca debemos mover un pie antes de que el otro haya encontrado un punto firme y seguro. Y si perdemos momentáneamente el balance, la única forma de recuperarlo es dar los siguientes pasos a favor de la corriente para no luchar con un factor más que nos haría perder lo poco de equilibrio que nos quedaba.

Pescar vadeando nos acerca mucho al mundo donde realizamos los intentos, a los misterios del río y sus corrientes. Ese permanente desafío que debemos vencer aporta bastante para desprendernos de esa cáscara citadina que busca reprimir muchas de nuestras reacciones instintivas y primordiales, que tal vez no serían bien vistas en nuestro ambiente cotidiano.