El manejo de los recursos pesqueros II

por Lic. José Mestre Arceredillo

Se analizan en la presente las distintas alternativas de protección, a fin de obtener los mejores resultados posibles.

En la edición anterior (B.M. Verano 98/99) describimos una serie de factores -aumento de peso de los sobrevivientes en un período dado (O), cantidad de individuos que se incorporan en ese período (R), cantidad que muere naturalmente (M) y cantidad de individuos que son pescados (F) -expresados en unidades de peso que, mediante una sencilla ecuación, pueden explicar el estado de una población de peces o damos una idea del destino probable de la misma. Vimos también que existen variables ambientales que condicionan el desarrollo de la población y cómo sus efectos son reflejados en los valores de dichos factores. y como dijimos, para garantizar el manejo racional del recurso pesquero las autoridades deben asegurarse de contar con todos estos datos, para el lugar en que se van a aplicar, obtenidos con la mayor rigurosidad posible.
En general, toda medida tomada sin tener en cuenta estas herramientas técnicas nos llevará a adoptar decisiones que no aseguran la conservación del recurso o que no permiten obtener el mejor aprovechamiento del mismo.
Varias veces he mencionado el concepto manejo del recurso o aprovechamiento óptimo del recurso, pero estos usos o aprovechamientos ¿cuáles son? Claramente los objetivos que se pretenden difieren según el uso, estado de conservación, origen y rareza de las poblaciones. Además debemos tener en cuenta cómo se relaciona el manejo de un recurso con la explotación de otros. Con esto entramos en un tema central, cual es la administración y protección de los recursos naturales, que tal vez debería haber sido tratado al principio pero que consideré más apropiado comenzar a visualizarlo ahora, a partir del sistema natural, más comprensible por nosotros, los pescadores.
El ser humano se ha desarrollado en un medio natural que lo contiene; este crecimiento posibilitado por las facilidades ofrecidas por la naturaleza muchas veces ha terminado con ellas. Por tanto, si queremos mantenernos y mejorar debemos aseguramos seguir contando con dichas facilidades, y para lograrlo debemos proteger a todos los componentes del sistema, pues todos están interconectados y forman la delicada trama que sostiene al hombre en la naturaleza.
El enunciado de estos conceptos nos ha llevado a pensar en un nuevo modo de crecimiento, el llamado crecimiento sostenible o sustentable, en el que el hombre alcanza su realización sin alterar fundamentalmente el medio ambiente.


Esto permite superar la antigua dicotomía entre los “ecologistas a ultranza”, que pretendían dejar todo como “era antes”, excluyendo al hombre, y los “industrialistas” o “tecnócratas”, que en procura del crecimiento más rápido y con mayores ganancias económicas imponían al hombre sobre todo y pese a todo. También se puede, entonces, diferenciar al ecologista, aficionado al medio natural sin comprender cómo funciona, del ecólogo, profesional que estudia las relaciones entre los distintos componentes del sistema natural, incluyéndo al hombre, y que puede indicar medidas ajustadas a principios objetivos.
Entonces, a un recurso natural como son los peces, podremos utilizarlo siempre que no violemos los principios que regulan la estabilidad de las poblaciones. En el caso del recurso pesquero de aguas dulces, existe en las sociedades más desarrolladas la tendencia a emplearlo para el recreo social, siendo un objetivo turístico o deportivo en todos los casos.
Contribuye a asegurar la protección de especies silvestres la existencia en la sociedad de grupos interesados en la explotación de las mismas, pues pese a que esto en caso de manejo irresponsable pueda producir desastres, también hace que el recurso adquiera un valor economico fácilmente comprensible aun para 1os que no participan del uso directo, alentándoseasí medidas de conservación. Esto hace que sea más fácil sensibi lizar a pescadores y autoridades por la protección del dorado que por la de un oscuro bagre de torrente, a pesar de que éste cumple un rol tan importante en su ecosistema como otras especies en el suyo, y tal vez se encuentre en mayor peligro de extinción por las alteraciones de su medio ambiente o la introducción de competidores exóticos.
Hemos visto, muy someramente, por qué es conveniente proteger y para ello manejar los recursos naturales. Ahora vanlos a analizar los distintos objetivos a los que querenlOS llegar en el caso concreto de la pesca.


La aspiración más simple sería obtener de un determinado ambiente la mayor cantidad de peces, de manera tal que esta extracción sea constante y que no ponga en peligro la existencia de las especies. Como vemos, esta aseveración tiene en cuenta dos variables: cantidad y tiempo. El manejador del recurso se encuentra con el dilema originado a partir de que a este resultado se puede llegar aplicando de distintas maneras las dos variables citadas. y además debe considerar que los beneficios obtenidos se distribuyan entre la mayor cantidad de sectores y/o personas.
Analicemos, por ejermplo, la cantidad. La biomasa obtenible (en kilos de pescado) la podemos distribuir a través de la obtención de pocos ejemplares muy grandes o muchos pequeños y medianos, asociado esto con un aumento en la frecuencia de las capturas.
Jugando con los tiempos de explotacion, es posible extraer la mayor cantidad de peces de un lugar en un período corto y luego dejarlo recuperarse sin realizar ninguna actividad, o llevar a cabo las capturas de manera regular, con menor cantidad de ejemplares por vez y en forma continua.
Si las aguas en que se desarrollan actividades pesqueras son compartidas con otros usos de importancia local, como riego, hidroelectricidad, saneamiento, navegación, etcétera, se puede reservar una zona intangible dedicada a la protección de las especies y el resto de la cuenca para los usos alternativos y con repoblacion en el caso de las actividades de pesca.
Como vemos, existen múltiples opciones de conservación de los recursos, que benefician a pocos o a muchos, por lo cual todos debemos participar en la elección de medidas aunque exigiendo que se trabaje con datos objetivos y, como ya dijimos varias veces, respaldados por profesionales.
El punto que nos queda por tratar es definir qué debemos proteger y contra qué; además de qué controles han de efectuarse sobre la población propiamente dicha o sobre el ambiente que la contiene con sus componentes bióticos y abióticos.
El control directo sobre la población implica tomar medidas respecto de la actividad pesquera, como fijar vedas, tallas máximas o mínimas de captura, cantidad de piezas a extraer por pescador, delimitar zonas de protección, elegir sistemas de captura, etcétera.
Todo esto nos permitira seleccionar la cantidad y calidad de peces a extraer.
Sin embargo, considero que el control ambiental es el más importante, y tal vez el más difícil de lograr ya que las medidas a tomar pueden interferir con otras actividades.
Debemos aseguramos primero la calidad y cantidad de agua disponible, controlar los usos y posibles alteraciones de los lechos de los ríos, el manejo de los flujos de agua (canalizaciones, rectificaciones de cursos) y proteger la cobertura vegetal de las orillas y de las nacientes.
En el caso de que se realicen siembras o introducciones, debemos aseguramos el estado sanitario del material.
Además, muchas veces es a extstencta necesario controlar a otras especies que interactúan con la que nos interesa prioritariamente, pues pueden ser presas, predadores o competidores si nos ocupamos de una sola especie desequilibramos el sistema.
Creo conveniente en este pupto suspender este encuentro, pero puedo anticipar que todas estas ideas nos servirán para analizar en la próxima edición un caso particular en nuestro país: los salmónidos.
Veremos entonces algunas medidas de manejo y fundamentalmente analizaremos por qué pescarlos y cuál debe ser la posición ante estos exóticos tan apreciados por nosotros, abandonando falsos sentimentalismos ecologistas.

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