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Publicado
en Aire Libre de octubre de 2006
Tradición
versus modernidad,
un falso dilema
Los
pescadores con mosca solemos pasar más tiempo del que deseamos
sin pescar, y, como no podía ser de otra manera, cuando no pescamos
hablamos de pesca. Así se alimentan muchas de las discusiones
y polémicas que se generan sobre nuestro deporte, algunas de
las cuales, como trataremos de explicarlo a continuación son
sólo aparentes.
La característica que define a la pesca con mosca frente a otras
modalidades es que el señuelo o artificial (mosca) es lanzado
no por su propio peso sino por el de la línea.
Esta definición, que es suficientemente amplia, no obstante es
puesta a prueba constantemente por el empeño de muchos pescadores
que pretenden excluir del ámbito de la pesca con mosca la utilización
de ciertos equipos y/o materiales en la construcción de sus artes
de pesca.
Así, y tan solo como uno de los tantos casos ilustrativos, quienes
se enrolan en una supuesta postura ortodoxa no admiten la utilización
de materiales sintéticos en la confección de las moscas,
en la creencia de que ello atenta contra la historia y la tradición
de nuestra pesca, sin advertir que en todos los tiempos la tradición
se fue forjando con el uso de los materiales disponibles y más
adecuados para los fines perseguidos, y que si en la época de
Dame Juliana Berners, por ejemplo, no se usaba el flashabu, era porque
éste no existía, como lo demuestran sus doce recetas de
moscas, en las que queda en evidencia que echaba mano de todos los materiales
que disponía para el atado.
Desechar el uso de materiales en el armado de nuestras moscas porque
no son naturales, entendemos que es una limitación de las mejores
posibilidades de pesca que nos brinda el desarrollo de la ciencia y
la tecnología.
Por otra parte, la apertura cultural que significa la utilización
de productos novedosos estimula la creatividad y el talento, tanto de
los que imaginan la aplicación de los mismos en la pesca con
mosca, como en los pescadores que descubren nuevos y distintos usos
de los materiales en la constante búsqueda de mejorar la cantidad
y calidad de las capturas.
Cierto es que muchas veces los nuevos productos vienen de la mano de
una desenfrenada avidez comercial por su imposición en el mercado,
que no repara demasiado en las bondades de los mismos en relación
con los propósitos a los que están destinados, pero es
en este punto en el que los pescadores debemos discernir entre la seducción
que representa la utilización de la ultima novedad y las efectivas
prestaciones de la misma.
Ante esta supuesta dicotomía entre los materiales “tradicionales”
y “modernos”, se alza la realidad que demuestra objetivamente cómo
el bead head, las patas de goma, o los brillos sintéticos, por
citar sólo algunos ejemplos, han contribuido a mejorar la performance
de nuestras moscas.
En conclusión, aún sin desconocer el gran arraigo que
la resistencia a los cambios tiene en la naturaleza humana, nos parece
que en realidad la dicotomía del título es ficticia, dado
que la misma historia nos demuestra una evolución constante en
los materiales empleados en nuestros aparejos, y que por lo tanto la
utilización de nuevos productos no afecta a la tradición
mosquera, la que preferimos honrar con actitudes de nobleza deportiva
y respeto por el medio ambiente y especialmente por nuestros ocasionales
contrincantes, cualquiera sea la mosca con que los tentemos.
Comisión
Directiva
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